Bases (a) lunares

Cuando sintió el golpecito contra el suelo, el Teniente General Ryan Anderson respiró aliviado. La computadora de abordo avisó que el aterrizaje había sido perfecto, y prendió la señal de desabrocharse el cinturón de seguridad. Enseguida se escucharon unos aplausos, que seguramente venían de Spritz.

Bryce Spritz era un idiota, pensaba Anderson con mucha razón.

Desde el comienzo del viaje que Anderson no se llevaba bien con sus compañeros de viaje. Ni Spritz, ni la doctora Stiles le caían bien. El principal problema que tenía con que ellos es que no eran militares. No lo entendían. Y estaban en la nave por requerimiento específico de la NASA, lo cual era una estupidez porque esta era una simple misión de reconocimiento militar.

Que sea en la Luna no cambiaba nada.

Las órdenes eran simples, y las había recibido directamente de su superior, que las había recibido directamente del presidente, Donald Trump.

La descripción oficial de la misión era “encontrar un lugar apto para la supervivencia humana por un período de tiempo razonable”. Para eso estaban el especialista en terreno, Spritz, y la doctora Stiles. Pero él estaba para otra cosa. Debía recorrer 4 puntos específicos y definir cual era el mejor, militarmente hablando, para establecer la primer base nuclear extraterrestre de los Estados Unidos.

Anderson no había votado por Trump. No le caía bien y no estaba de acuerdo con muchas políticas. Pero órdenes eran órdenes y desde un punto de vista de inteligencia militar entendía y hasta admiraba esta misión. Volver a mirar a las estrellas, volver a poner la bandera estadounidense, esta vez bien grande y hecha de misiles nucleares, en la Luna primero, y mas allá después. A ver si así los chinos se calman un poco.

Con el traje puesto, Anderson se apuró para ser el primero en bajar. Si bien nadie podría igualar jamás a Neil Amstrong, al menos esta vez todo el mundo lo vería en vivo y en HD. Apenas pisó la Luna, sacó su teléfono y se sacó una selfie, que subió a Twitter con el hashtag #impossibleisnothing. Aunque no era del todo ético, Adidas le había pagado muchísimo dinero por ese tuit, que segundos más tarde ya se había transformado en el más retuiteado de la historia, superando a la famosa foto de Messi desnudo con la copa del mundo agarrándose los genitales.

Habían aterrizado cerca del modulo lunar del 69. El plan era honrar a los astronautas que llegaron ahí por primera vez, con un pequeño acto de unos segundos transmitido por Snapchat.

Pero cuando se acercaban hacia el lugar, notaron algo raro. Había unas huellas extrañas alrededor. Alguien, o algo, había estado merodeando. Además, como para despejar dudas, en una inspección mas detallada notaron que medio módulo faltaba. Se lo habían llevado arrastrando.

Enseguida cortaron la transmisión. Anderson tomó el control de la situación y empezó a dar órdenes. Se sentía como su héroe, John McClane.

En la Luna no se podía saber si la huella era reciente o vieja, no había viento para borrarla. Pero Anderson tuvo un presentimiento. Entró lentamente a lo que quedaba dentro del módulo, dejando a sus compañeros afuera, y notó que el interior estaba desarmado. En los restos del módulo no identificó nada extraño, pero sobre el tablero descubrió un montoncito de polvo simil ceniza. No parecía un material terrestre. Estuvo a punto de señalarselo a Spritz y preguntarle, después de todo él era el experto, pero enseguida recordó que Spritz seguramente aplaudiría por haber encontrado algo raro, así que mejor no decirle nada. Spritz era un tipo que se impresionaba demasiado fácil, algo que la NASA se olvidó de tener en cuenta como requerimiento básico para la gente que va al espacio exterior.
 
Subiéndose a lo alto del módulo Anderson pudo ver claramente en el suelo las marcas de un gran componente, aparentemente el motor, que había sido arrastrado por un largo camino que se perdía detrás de una montaña.

Se encontró frente a una disyuntiva. Podía volver a comunicarse con sus superiores (no los tontos de la NASA, los que estaban a cargo en serio) para recibir nuevas ordenes, o podía ir él solo a investigar.

Por un lado años de entrenamiento en el ejercito le habían enseñado a seguir ordenes, respetar la cadena de mando y no pensar por sí mismo. Pero por otro lado años también de películas hollywoodenses le habían enseñado que el protagonista siempre desafía las reglas. Eso es lo que había hecho su héroe en Duro de Matar 1, 2 y 4 (la tres no la había gustado y la cinco la ignoraba, como el 90% de las personas de bien).

Anderson se decidió rápido. Le dijo a los civiles que volvieran a la nave, y que sólo en caso de que él no regresara en dos horas le avisen a la NASA. Dos horas era poco tiempo para una caminata lunar, pero lo dijo teniendo en cuenta el día que hicieran una película sobre él. No le gustaban las películas demasiado largas. Y no conocía la elipsis como recurso cinematográfico.

Cuando se aseguró que los civiles estaban a salvo, grabó un video de despedida para su familia, por las dudas, y salió trotando hacía la montaña.

Sonriendo. Como él pensaba que debe sonreír cualquier hombre que está por entrar en la historia. Como un idiota que no sabe donde se mete.

¿Qué descubrirá el Teniente mas allá de la montaña? ¿Las ruinas de una civilización? ¿Extraterrestres? ¿Vida inteligente? ¿O Evangelistas?

Si quieren enterarse no dejen de sintonizar este batiblog. La próxima batisemana a la misma batihora por la misma batiURL.

CONTINUARÁ

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