Camino al desierto

Oaurzazate — Merzouga

Como ya había contado antes, cuando pude rajar de Marrakech me decidí a venir para el lado del desierto, cerca de la frontera con Argelia. Me tenía un poco cansado la agresividad de Marrakech y la cantidad de gente a la que tenía que decirle “no, gracias” a cada instante. Algunos pasaban muy cerca mio y decían rápido y bajito algunas cosas que no llegaba a entender. Podía ser una puteada, o podía ser una oferta. A veces distinguía que me preguntaban “¿porro? ¿weed? ¿hachís?”, pero yo los ignoraba y seguía caminando. Ya no respondía nada. Salvo cuando me decían “hachís”, que yo les respondía “salud”, porque me enseñaron que la educación ante todo (?).

Entonces, me levanté un día alrededor de las 9 y me fui a pata hasta la estación de bus y me saqué un pasaje para Ouarzazate. Podría haber ido a la estación de buses locales y seguramente ahorrarme unos mangos, pero por alguna razón preferí ir a la turística (una que se llama CTM en este caso) y sacar el pasaje ahí. Antes, cuando era joven, me hubiese parecido una boludez gastar guita extra en transporte cuando todos los bus son más o menos iguales. Yo me acuerdo que en viajes anteriores miraba mal a la gente que hacía eso, pero esta vez me ganó la vagancia. En los buses turísticos está todo más claro y fácil. Y la diferencia de plata no debería ser tanta. Yo pagué 80 dírham (8 euros) y podría haber pagado 50 o algo así. Ni averigüé.

Después de esperar un ratito, a las 10 en punto arrancamos viaje. Eran 200km pero tardamos cuatro o cinco horas. Porque había que cruzar montañas. Que dicho sea de paso, yo ni sabían que existían antes de venir a Marruecos. Tengo que empezar a investigar un poco más donde voy antes de sacar pasajes de avión. El viaje me resultó cómodo y muy lindo. Pasamos entre las montañas nevadas haciendo zig zag. Y paramos a comer en un lugar en el que me querían cobrar 20 dírham un kilo de mandarinas (en todos lados sale 5 el kilo, vivo comiendo eso). Después de reírme un rato me volví a subir al bus sin comprar nada, ya iba a comer algo al llegar.

Vista de las montañas Atlas desde la ruta.
Fotos con celular desde el micro, perdón por la calidad.

Ouarzazate es un pueblo bastante grande, y que queda cerca de un par de atracciones turísticas. Cuando bajamos, como a las dos de la tarde, no hubo demasiada insistencia con ofertas de alojamientos. Me fui caminando por la calle principal para encontrar un lugar donde dormir. En el primer hotelito al que entré a preguntar me ofrecían una habitación con baño privado y wifi por 70 dírham. No me pareció tan mal y acepté. Me dieron una linda habitación con cinco camas y ventana a la calle pero no llegaba el wifi. Así que me cambié a otra un poco más cerca del router.

Dejé todo, salí a pasear y recorrer el pueblo y a morfar algo. Me comí un tajín de pollo por 50 dírham (medio caro, pero al ser un plato típico tenía que probarlo) y fui, cámara en mano, a pasear por el pueblito y sacar fotos.

Oaurzazate tiene pinta

Como para variar, acepté contestar algunas de las preguntas de los vendedores que te hablan en cuatro idiomas distintos mientras vas caminando, pero acá parecían más tranquilos. Uno de esos con los que me puse a hablar, se llamaba Mohamed, como el 83% de la población (estadística no confirmada). En serio. Está lleno. Me crucé con muchos Mohamed, pero ningún Nomemojes. Me hizo entrar a su puestito donde vendía, como todos, las mismas artesanías, pañuelos, alfombras, y tenía familia en Merzouga por si me interesaba hacer un tour o necesitaba alojamiento. Pero lo que me cayó bien fue que me preguntó si no tenía ropa o remeras para cambiar. Me pareció buena idea hacer un trueque. Yo tenía varias remeras de más, y si bien no estaba listo para tirarlas la última vez que hice la mochila y separé un montón de cosas para dar, sabía que en algún momento lo iba a tener que hacer. Y que se le den uso en Marruecos me parecía lindo. Entonces quedé en que al día siguiente lo iba a visitar y le llevaba las remeras. Pero ese día no porque quería recorrer antes que se haga de noche y volver al hotel y aprovechar el wifi. Me despedí, no sin antes terminarme el té que me había ofrecido (uno medio mentolado que toman todo el tiempo).

Caminé un par de cuadras hasta la Kasbah pero no entré porque lei que no vale la pena y te cobraban 10 dírham. Igual saqué unas fotos y me volví al hotel, donde escribí el post anterior, puteando porque el wifi había dejado de funcionar y tenía una señal mucho más débil.

Kasbah Taourirt

Me fui a acostar casi decidido al día siguiente levantarme e irme a Ait Benhaddou, otra Kasbah (alcazaba / ciudadela / fortaleza) pero que valía la pena entrar porque estaba mejor preservada. Tenía que tomarme un taxi compartido por 10 dírham, hasta un cruce de ruta, y de ahí otro por 5. Estar un par de horas y volver. El resto de las cosas que había para hacer cerca no me convencían porque eran ir a ver un par de estudios de cine a ir a ver los escenarios de algunas películas y otros tours de medio día.

Cuando me levanté, después de comprarme un par de boludeces en una panadería por 6 dírham para desayunar, fui a la estación de bus a ver que onda las opciones de viaje. Yo sabía que a la una pasaba un bus por la ciudad, el que salía a las 8am de Marrakech y terminaba en Merzouga. Fui decidiendo en el camino y finalmente cuando llegué, saqué pasaje para ese mismo día. No iba a ir a Ait Benhaddou, más que nada porque no quería volver a dormir otra noche en el hotel ese y me daba fiaca buscar otro. Era un hotel enorme con un montón de habitaciones pero medio abandonado y con un par de pisos cerrados. Por eso era tan barato. Pero en Merzouga había alojamiento por 30 dírham, igual que en Marrakech. Así que tan barato no era. Lo de la Kasbah lo puedo hacer a la vuelta, si es que vale la pena, pensé. Parar de nuevo al volver de Merzouga.

Quisiera tener una hija para comprarle la Baby Osama.

Volví con un par de horas para matar y antes de hacer la mochila me crucé a visitar a Mohamed a ver que me daba por mis remeras (elegí las dos o tres más nuevitas, no las que estaban todas rotas). Cuando pasé por esa calle, primero me agarró otro del negocio de al lado, también llamado Mohamed, que me mostró pulseritas, turbantes y todo. Yo no quería comprar nada pero me interesaba saber los precios para decirle al otro un trueque más o menos justo. Me dijo por ejemplo, que el pedazo de tela que usan para hacer un turbante me lo dejaba a 160 dírham. Yo le dije que “no, gracias” y después de otro té me pude escapar sin comprar nada. Di un par de vueltitas y volví cuando vi que mi Mohamed estaba en la vereda. Le hice señas y me hizo pasar y subir por una escalerita, para llegar al mismo cuartito en el que ya había estado minutos antes. Primero no me dio mucha bola porque estaba vendiéndole pañuelos a dos turistas francesas. Mientras me dejó ahí para ver y elegir entre todo lo que vendía y yo dudaba si agarrar una pulserita de esas que según ellos salían 40 dírham y metérmela en el bolsillo. Finalmente esperé sin hacer nada y cuando me prestó atención le mostré las remeras. Dos que había comprado en Tailandia, una blanca, casi nueva, y una azul de fútbol con el escudito de la selección de Tailandia, muy linda. Le gustaron y me dijo que me daba el turbante por las remeras y guita encima, porque el turbante sólo salía 400. Sí, era el mismo pedazo de tela que antes me lo querían vender por 160. Así que medio ofendido le expliqué que lo que yo quería era hacer un trueque, sin dinero de por medio. Aceptó cambiarme las dos remeras por un pedazo de tela más chico (que minutos atrás salía 50) y le dije que no y me fui medio enojado. Yo pensé que le interesaba el trueque, que era un comunista buena onda y terminó siendo un capitalista de mierda que me que quería cagar. Lo de siempre. Me desilusionó. Volví al hotel, guardé todo y reservé el hostel que había visto en booking por 3 euros (había esperado solo por si el Mohamed éste era copado y me iba al alojamiento de su familia en Merzouga o lo que carajo era que quería venderme).

Parece que esta ciudad tenía un río.

A las once arranqué caminando para la estación de bus, con tiempo porque era lejos, como a tres kilómetros, y me daba fiaca tomarme un taxi aunque se que debía salir 5 dírhams (si es que no me iban a querer cagar).

Llegué, dejé las cosas y me fui a almorzar y comprar algo para el viaje. Almorcé un sanguchito de los de siempre por 15 dírham y me compré un kilo de mandarinas y un par de facturas de una panadería. Iba a ser un viaje largo, de 8 horas o más.

Por suerte viajé cómodo otra vez en el bus, sin nadie al lado y estirando las piernas. Y casi ni bajé en las paradas. Me había llevando el kindle con un buen libro a medio leer pero me entretuve todo el viaje durmiendo y mirando por la ventanilla. Es increíble lo fácil que me puedo dormir ahora tanto en buses como aviones (me fui acostumbrando). Fuimos pasando por pueblitos cada vez mas chiquitos en el medio de la nada y el paisaje se fue transformando en desértico.

Cuando llegamos a Merzouga eran las 9 de la noche, no se veía nada. En el bus semi vacío quedábamos 6 o 7 turistas. El resto de la gente que era local se fue bajando en los otros pueblitos donde paramos (en todos los que aparecían en el mapa). Yo ya sabía donde ir, tenía alojamiento reservado y no era lejos de la estación, así que al bajar fui esquivando los siete u ochos locos que se abalanzaban a los turistas para ofrecer hoteles y casas familiares. Igual uno de los que estaba ahí era del hostel donde yo había reservado, y después de preguntarme si yo era Manuel y era italiano, se presentó y me dijo que me había venido a buscar. Buena onda. Así que fuimos caminando aunque yo ya sabía donde había que ir gracias a Google Maps. Igual me sirvió para confirmar que ahí no había nada para cenar así que antes de irnos de la calle principal me compré unas bananas.

Yo había reservado el lugar más barato, 30 dírham por noche, pero era una cama en una carpa, o tienda. Pero como el lugar estaba vacío me dieron, de onda, una habitación privada con baño y todo. Te tratan bien porque saben que si llegás hasta ahí es porque les vas a pagar una fortuna por hacer el tour por el desierto. Así que después de otro té, en este caso de bienvenida, me fui a mi habitación a dormir temprano, después de probar un rato el wifi y comprobar que andaba mejor acá que en cualquier otro lugar de Marruecos (pero no llegaba a la pieza, lamentablemente).

Al día siguiente después de un super desayuno que pedí en el hostel sin preguntar ni el precio (tenía hambre, después me enteré que eran 25 dírham) averigüe como era el tema de los tours por el desierto y me puse a negociar precio. Pasar el día y volver costaba 25 euros. Salir a la tarde, pasar la noche y volver a la mañana, 35. Esta era la típica, la que hacen todos los que la pagan desde Marrakech. Salir a la tarde, pasar la noche, ir ese día a visitar unos nómadas en la otra punta, volver a dormir al campamento y volver a la mañana siguiente, salía 70. Eso era lo que quería hacer yo, pero había un problema. No tenía plata.

Le peleé un poco los precios, conseguí rebajas (no muchas porque al ser yo solo tenía menos poder de negociación, pero le bajé 5 euros de cada opción y no me cobraba la noche anterior) y le dije que iba a pensar que hacía. Pasaba una noche o dos, pero tenía que contar cuanta plata tenía. En Oaurzazate había sacado plata del cajero, pero como no andaban bien los botones pude sacar 500 dírham nomás (no me dejaba seleccionar la opción “otros valores”, y no quería hacer dos extracciones porque el banco me cobra doble). En resumen, tenía 50 euros y 220 dirham, y tenía que guardarme para el boleto de bus a la vuelta.

Así que fui y le expliqué eso, le dije que podía pagar 50 euros máximo por la de dos días, o 30 por la de uno (si me tomaba los euros, y sabiendo que estaba muy justo y me limitaba las opciones para salir del pueblo). Quedamos en que le daba 30 por la excursión típica y que era mejor porque así podía quedarme un día extra después de volver, para no tener que viajar 8 horas en micro apenas volvía. Entonces se me dio por preguntarle si él no sabía, o no podía llamar y preguntar, si era posible pagar los pasajes de bus con tarjeta de crédito.

Ahí fue cuando me dijo con cara de enojado, como si fuera lo más natural del mundo, ¿si tenés tarjeta por qué no vas al cajero? ¡Qué sé yo!, supuse que no había en este pueblo de mierda, de tres cuadras alrededor del desierto en el medio de la nada. Pero, sí, había un cajero allá por la entrada del pueblo.

Así que fui y saqué plata y volví. Definiendo bien si valía la pena hacer la de dos días, y aprovechando para comer y sacar fotos por ahí, dando tiempo a que él dude a ver si estaba averiguando otros precios.

Merzouga es un pueblito muy lindo y tranquilo al borde del desierto. Tiene una calle principal asfaltada, de dos o tres cuadras de largo, donde esta toda la oferta turística y unas casitas al costado bien simple y tranqui, lleno de nenes jugando a la pelota. No hay mucho más, pero tiene una oferta increíble de hoteles, alojamientos y tours por metro cuadrado. Igual una vez que saben que ya estás (que ya tenés alojamiento y tour alquilado) no te joden más. Después de morfar algo por 30 dirham, me puse a hablar con un vendedor que me terminó convenciendo de comprar el pedazo de tela para el turbante por 30 dirhams (el mismo de 400 + dos remeras).

Cuando volví le dije entonces al del hostel 60 euros por la de dos días, pero cerramos en 65. Ni le regateé, aunque hubiese podido bajárselos un poco más. Es que por lo que leí el precio normal del desierto, con todo, por día es entre 20 y 40 euros. Dependiendo bien de la cantidad de gente y que hacer durante el día. No me pareció tan mal.

Me quedé boludeando a la tardecita, preparando las cosas para llevar al tour y a las cuatro de la tarde arrancamos. A pasar un par de días en el desierto. A ver si vale la pena.