Cosas que voy a extrañar de Asia

Me estoy yendo, ya falta poco. Por un tiempo largo no voy a volver por estos lados. Cuando ya me estaba acostumbrando, cuando ya no me resultaba tan extraña esta cultura, me voy.

No se bien cuando, pero en algún momento voy a volver. Me quedaron un montón de países pendientes por conocer, y hay un par de ciudades que me llaman mucho para volver. Pero hay que seguir viajando y mirar para adelante, donde me espera un continente entero totalmente distinto.

En estos últimos días estuve pensando un poco cuáles son las cosas que voy a extrañar más. Hay de todo, y cada país tiene lo suyo, así que voy a ser muy injusto pero la lista va sin orden y sin pensarla demasiado. Aunque se refiere más que nada a Taiwan y Japón, donde estuve estos últimos 4 meses.

1) La gente y el trato al extranjero.

Acá los locales no ven al extranjero como una billetera caminando, como un ser inferior por ser de otra cultura o o como una lacra que viene a robarles trabajo. Te respetan un montón, se alegran de que estés acá y en general tienen buena onda. Pero a la vez te ignoran de una manera muy cortés. Hacen la suya, te dejan ser parte pero no te incluyen a la fuerza ni te excluyen.

Hay una diferencia marcada entre ser de oriente u occidente, pero eso te une más con el resto del mundo y hace que te lleves mejor con gente de todos los países.

Pero gente copada de todos los países hay en todos lados, lo que voy a extrañar de acá es la interacción con los locales. Siempre tratando de ayudar, siempre mirandoté con curiosidad.
Esa sensación de que soy distinto, de que les resulto interesante solo porque tengo los ojitos de otra forma es algo que no voy a encontrar tan fácil en otro lado.

Y no me va a resultar tan interesante a mí mirar y tratar de entender el comportamiento extraño de otras culturas más similares a la mía. Acá puedo pasarme horas, caminando y paseando por cualquier lado, que siempre hay algo o alguien muy interesante para mirar.

2) La seguridad y el espacio libre en el cerebro.

Siempre me cayó mal la gente que se va de viaje y cuando vuelve sus comentarios son del estilo de “allá es todo más seguro, no te roban” o “podés andar tranquilo por la calle, no es como acá”. No quiero caer en esa. Nunca me escandalizó que, por ejemplo, si te sentás en el bondi con un iphone6 pegado a la ventanilla abierta venga un vago y te lo afane de un manotazo. Jodete por boludo. No pretendo que nadie, en ningún lugar del mundo, cuando se te cae una billetera te persiga al grito de “señor, señor, se le cayó esto”. Crecí sabiendo que el mundo no funcionaba así. Ajo y agua, bancatelá.

Pero por estos lados no solo eso no pasa, sino que a nadie se le cruza por la cabeza. Por lo tanto ni siquiera lo tienen como una posibilidad.

En el día a día lo que me fue pasando es que dejé de tener en cuenta un montón de cosas todo el tiempo. De estar tan pendiente de todo. Y sé que es riesgoso. Siempre estuve atento a que no acostumbrarme. Pero cuando inconscientemente soltás, te das cuenta que tenés tiempo y espacio libre en el cerebro para otras cosas.

Por ejemplo: en el bondi, en Argentina, nunca me gustó sacar el teléfono del bolsillo. Nunca sabés quien esta mirando. No me importa si el de al lado tiene un iphone o un nokia 1100, yo no voy a sacar mi teléfono a menos que sea necesario. Acá viajando en subte se que puedo sacarlo sin problemas, porque todos hacen lo mismo. Pero igual, siempre que lo hago pienso un poco en lo que estoy haciendo. Mi cerebro se toma el tiempo de ponerme en alerta y pensar en las posibilidades. Ellos lo hacen sin pensar. Lo sacan, lo usan, lo sueltan y lo apoyan en cualquier lado. Y yo miro y digo ¡¿Qué hacés pibe, sos loco?! Pero a la vez fui notando que hay momentos en que yo también estoy haciendo cosas de esas. Que si voy con la bici la suelto sin atarla a ningún lado, e incluso la dejé varios días sin candado en la calle sin darme cuenta. Que si estoy en el hostel y voy al baño dejo el teléfono tirado en el sillón, como si estuviera en mi casa. Que si estoy con la compu puedo irme tranquilo a comprar algo al kiosko y dejarla prendida y apoyada en la mesa del lugar común. Y no gasto ni un segundo de tiempo en pensar que eso esta mal, que me tengo que apurar por volver o que si hago eso en otro país me la afanan. Simplemente pienso en que voy a comprar en el kiosko, o que tengo ganas de morfar, o cualquier otra cosa. Es bastante liberador.

Es como cuando le sacas el antivirus a la compu y te das cuenta que anda más rápido.

3) La cultura de lo “cute” y que todo este bien.

Esto es un fenómeno que todavía me resulta raro, ver un tipo o una mina de 40 años con un peluche de Pokemon colgado de la mochila. Yo no podría hacer lo mismo. Pero las razones principales por las que no podría tienen que ver con qué primero me daría vergüenza y segundo que siento que se me burlarían, me cagarían a trompadas, sería un blanco fácil para un enemigo imaginario que vaya a saber uno de donde saldría. La razón “porque no me gusta Pokemón” viene última en la lista, mucho después de “esas cosas no se hacen” o “no corresponde”.

Acá esos filtros no están. Si les gusta algo lo usan, sea apropiado o no. Y no es un solo loco, es todo el país. Nadie se les va a reír, o burlarse, a nadie nada le va a parecer demasiado extraño. Aunque a veces se van al carajo, como esos que terminan mirando historietas porno en un minisupermercado.

Todos los carteles, propagandas, tiene dibujitos super “cute” (o adorables, no se como traducirlo, se pronuncia kiút). Hasta los carteles de la policía, o los del subte, que te cagan a pedos y te dicen como comportarte lo hacen con unos dibujitos re lindos. Tienen un mercado enorme de cosas cute, de animación, de robots, de cosas nerds, para todo el mundo. Nadie se siente mal por gustarle nada. Son todos super nerds sin culpa.

En este caso yo aprendí a bajar un poco mi filtro interno de “no debería hacer/decir/usar esto porque no se hace” y empezar a hacer un poco más lo que se me da la gana. Ayuda demasiado saber que nadie más que yo va a hacer el ejercicio mental de juzgarme por tener un muñequito colgando de la mochila. (Ya sé que en teoría así tiene que funcionar en cualquier lado, y que hay gente que puede andar así por la vida en todo el mundo. Pero yo no puedo.)

Eso es otra cosa que libera un montón de “espacio en disco”.

No tendré un peluche en la mochila pero tengo un Batman y un Pokemon en el llavero.

4) Como no entender el idioma muchas veces ayuda.

Parte de las observaciones de arriba, seguro son equivocadas. Seguro que en un montón de oportunidades que uno no se siente juzgado es simplemente porque no entiende los comentarios o las conversaciones de los demás. No hay nada que me moleste más que la falsedad, que alguien te trate bien y después hable mal. Y es completamente imposible de entender si uno no comprende el idioma. Nunca puedo saber si me tratan bien de buenos o de falsos, para mi el resultado es el mismo.

No saber el idioma también ayuda mucho en el caso de filtrar las boludeces que dice la gente. Soy bastante intolerante con los comentarios boludos. En países como Tailandia, donde el 90% de los turistas hablan inglés, es muy difícil ir a lugares turísticos sin querer putear a alguien.

Ayer fui al Museo Nacional de Taiwan y estaba lleno de chinos. Seguro que decían estupideces, porque se comportaban como idiotas y estaban en manada. Pero no entender que decían ayudó un montón. Igual me puse de mal humor porque para la intolerancia soy un políglota bárbaro. Pero podría haber sido peor.

5) El perfeccionismo al servicio de uno

Otra cosa que me jode un poco tener que resaltar. Yo prefiero otra cosa, yo no soy perfeccionista, para nada. Todo lo contrario. Siempre me gustó la cultura argentina del “lo atamo’ con alambre”. Funciono así. Resuelvo las cosas de la mejor manera posible, pero siempre teniendo en cuenta la relación tiempo de laburo / resultado. Me parece una locura hacer trabajo extra para que quede perfecto, o porque así “se debe hacer”. Si de mi manera funciona bien, para qué más.

Pero la verdad que cuando estás en una cultura donde todos hacen todo el trabajo perfecto, empiezan a pasar cosas raras como que los trenes llegan a tiempo, se puede saber cuanto va a tardar en venir el bondi, el tipo que te vende comida en la calle te la sirve perfecta y sin demasiada salsa y con un sistemita pensado para que no te ensucies o manches con nada, y cosas por el estilo.

Es lindo aprovecharse de todo eso. Porque no solo son cosas a nivel macro, como los trenes, si no también pequeñas cosas de todos los días que alguien se tomó el laburo de pensar o resolver de la mejor manera posible. Da la sensación de que la vida es más fácil porque las cosas funcionan mejor.

No quiere decir que hacer todas las cosas así esté bien. A veces se van al carajo, laburan 14hs por día para hacer algo que si les sale mal es un fracaso y se suicidan, porque no saben hacer otra cosa que laburar. A mi me parece que el tren llegue cinco minutos tarde no es tan terrible.

Pero es obvio que se toman mucho más tiempo para hacer las cosas de la manera más perfecta posible, tenga sentido o no. Capaz que acá usan el tiempo extra de cerebro que se ahorran en los puntos anteriores. Je.

Hay un montón de cosas más, que no entran en la lista porque ya escribí mucho, o que son particulares a un país y no las podía expresar de manera general. No puse cosas específicas como personas, comidas, bebidas, musiquitas de subte (?), etcétera.

Lo importante acá (para mí) es entender que me puedo llevar yo de todo esto para mis próximos, y que cosas voy a encontrar sólo acá y tendré que volver si resulta que las necesito.

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