Je suis Manu

Hace más de una semana que estoy en Francia, y todavía no me llevo muy bien con el idioma. A diferencia de lo que pasaba en Roma, donde sin poder hablar ni una palabra (porque si intentaba me salía en castellano) entendía todo perfecto, acá en Niza puedo decir frases sueltas en francés pero cuando me hablan no entiendo nada. No me ayuda ni saber el contexto, ni nada. Creo que entendía más japonés que francés, porque incluso las palabras que son similares al español las pronuncian muy distinto.

Pero a pesar de eso la estoy pasando bien. Por suerte la fama de mala onda que tienen los franceses debe ser sólo culpa de los parisinos, acá en el sur la gente es copada.

No escribí antes porque no tengo mucho para contar. Me la paso todos los días yendo a caminar por ahí, o sentándome a mirar el mar y leer un rato, antes de que se venga la noche y meterme adentro porque esta fresquito.

Extrañaba un poco el invierno. Acá no hace frío, pero no es verano. Yo estaba acostumbrado a no sentir menos de 20 grados, vengo de verano en verano desde agosto del 2015. Y acá hace 15 grados, 10 a la noche.

Igual al solcito esta lindo. Pero me tuve que comprar un gorrito para que no se me enfríen las ideas.

Estoy parando en la casa de una mina que contacté via workaway, pero es una onda medio couchsurfing. No tengo que laburar fijo ni haciendo nada en especial, aunque en algunos ratos (muy chiquitos) le estoy haciendo una web para sus laburos de traductora. Por un lado me sirve porque me da mas tiempo para recorrer y pasear, por el otro es medio raro vivir en una casa de familia con la mina y dos pibes (de 12 y 15 años). Además hay un par de habitaciones que la mina alquila (o presta, no sé) a otra gente que no está en casi todo el día (un franchute y una tana).

Entonces estoy aprovechando para dormir hasta tarde (después de la loca experiencia de levantarme todos los días a las 8am en Taiwan, acá duermo hasta las 10 mínimo) y después de morfar algo si el día esta lindo y hay solcito salgo a pasear.

Me prestaron una tarjeta para usar el servicio de bicis de la ciudad, que está bueno porque hay por todos lados y siempre los primeros 30 minutos son gratis. Con lo cual se puede sacar una, andar 20 minutos, devolverla, sacar otra y seguir viaje, sin gastar un mango. Cuando me canso o quiero ir en subida, me tomo un bondi (que sale 1.50, tampoco es tanto).

Entonces al mediodía camino un par de cuadras, agarro una bici, la llevo un rato, la guardo, camino o boludeo por ahí. Volví a recuperar el hábito de la lectura y contemplación del mar (?). Niza es una ciudad muy linda, hecha mirando hacia al mar, como corresponde. Cada día entiendo menos como Buenos Aires esta hecha de espaldas al río, es una cosa de locos.

En el centro histórico se puede sentarse a comer o tomar un café caro, o se puede encontrar lugarcitos de paso perdidos entre las callecitas, donde morfar relativamente barato. El mar es super azul, y la “playa” es linda para sentarse al reparito de unas piedras y pasar la tarde. Digo “playa” entre comillas porque no tiene arena, sino piedritas. Parece una mala idea, pero es super práctico, sobretodo en invierno donde uno esta lleno de ropa, te podes sentar tranqui sin ensuciarte.

Una de las cosas que más me gusta de eso, es que no estoy yo sólo haciéndolo. Al contrario de lo que pasaba en Taipei, donde había hermosos espacios públicos pero que sólo lo aprovechaban los viejos, acá hay gente todo el tiempo sentada leyendo, o morfando algo, o escuchando música, o paseando. Hay músicos callejeros por la costanera, hay banditas de adolescentes que pasean asustando viejas, cosas normales.

De vez en cuando hay milicos con ametralladoras también (!), se ve que no lograron superar todavía el atentado del año pasado. El domingo este que pasó era un feriado donde todos los años había desfile o actos, pero este año lo cancelaron. Y se nota un poco de desconfianza y discriminación entre la gente que vive en “el lado feo” de Niza y el lado cheto. (los que viven en el lado feo ademas tienen la culpa de ser negros e inmigrantes).

Eso es otra cosa que sin identificar demasiado, me doy cuenta que lo extrañaba un poco. No estoy hablando de la discriminación, pero sí de la multiplicidad de etnias. Ver gente blanca, negra, con el pelo largo, corto, rubio, negro, de rulos… cosas que no estaba acostumbrado a ver.

Para uno, que creció generando identidad con la diferenciación ante el otro, es raro entender como hacen los ponjas, por ejemplo, en el colegio para decidir a quien mandan al arco cuando juegan a la pelota. Entre las primeras verdades irrefutables que aprendemos cuando somos chicos está la de que el gordito siempre va al arco. ¡¿Cómo hacen los ponjas entonces, si no hay japonesitos gordos?!

También volví a ocupar más mi tiempo en pensar pelotudeces, como quedó claro recién.

Uno de estos días, pensando tambíen en diferencias, me fui a pasear por Mónaco.

No tiene nada de especial, y no es más lindo que Niza. Pero es todo super cheto al extremo. No es que me interese en particular ver a los yates de los ricos, o a las minas llenas de cirugías paseando por ahí, pero me divierte la diferencia de verme a mí en ese contraste.

Por ejemplo, nunca vi tantas Ferraris juntas andando por la calle de ningún lugar. Es obvio que el primer comentario que se me vino a la cabeza es “¡lo que debe recaudar de patentes la municipalidad de Mónaco!”.

Mientras tanto, caminando ahí entre gente que paga 20 euros un tostado, andaba yo con mi sanguchito de jamón y queso guardado en la mochila antes de salir de casa. En un momento no aguanté más y me apoyé en una Ferrari roja, saqué mi sanguchito y me lo puse a comer ahí disimuladamente, acordándome de un capitulo de Seinfeld donde creo que George ve un Porsche estacionado y se la pasa el capítulo entero lavándolo y haciéndole creer a la gente que pasa que es de él. No creo que nadie más en ese momento haya entendido el chiste o la gracia de lo que estaba haciendo. Pero no importa. A veces es bueno diferenciarse.

Una de las cosas que saqué en limpio ese día también, es que mientras viajaba en tren y paraba a cada rato, descubrí que entre Niza y Mónaco hay un montón de pueblitos hermosos, super chiquitos, perdidos en el medio de la montaña pero también en la costa mirando el mar. Como por ejemplo, Eze (éste). Supongo que tambíen tenés que tener mucha guita para vivir ahí, pero es un lugar con menos prensa.

Es que no hay mucho más para hacer por acá en invierno. Pero una de las razones por las que elegí venir a esta ciudad es justamente sacarme esa presión de tener que moverme y recorrer todo el tiempo. (la otra principal razón fue el mar.)

Al parecer por lo que estuve leyendo lo que yo estoy haciendo se llama “slow travel”. No es que me interese definirlo o analizarlo, pero esta bueno saber que no soy el único que esta haciendo cosas por el estilo.

Hay todo un movimiento de gente que viaja así, evitando los lugares comunes y tratando de vivir las ciudades en lugar de pasearlas.

Aunque no me gusta mucho el término “slow travel”. Primero que nada, porque está en inglés. Segundo, porque podés estar viajando rápido, parar un par de días en una ciudad y tomarte un avión a otro país, y seguir disfrutando de otra manera, que es a lo que se refiere esta idea. Y al contrario, podes tomarte tu tiempo y estar viajando 5 años pero ir a Tailandia y no salir de Khaosan Road (como algunos que conocí).

Entonces, aún con la posibilidad de alienar a mis nuevos y lentos compañeros (?) voy a ponerle un nuevo nombre a eso. Yo le llamaría viajar a destiempo. O mejor, a contraluz.

También tiene que ver con las diferencias y los puntos de vista desde donde mira la mayoría. Estar a contraluz significa pararse del otro lado y mirar haciendo foco en otras cosas.

Así que en eso ando en estos días. Supongo que me quedaré acá una semana más y después seguiré viajando. Mi plan por ahora es llegar en diciembre al país Vasco, pero para eso tengo la opción de irme por el mediterráneo a España y subir (turisteando en Barcelona, por ejemplo) o de subir por Francia (y turistear en París).

Pero no hay apuro. Tengo dos o tres lugares que quiero ver por acá cerca, y me siento medio en la obligación moral de ir a Peveragno, un pueblito acá 200km del lado italiano que es donde estoy anotado y de donde era mi bisabuelo que me dio la ciudadanía. Podría ser interesante ir a ver que onda.

Por otro lado tengo que aprovechar que ya no laburo tres horas por día para tener un techo donde dormir y usar esas horas para hacer algo productivo. Al menos ahora me dan más ganas de laburar en proyectos propios que antes, tengo que transformar esas ganas en guita de alguna manera. O dedicarme a escribir un poco más.

Mira como es la cosa, arranqué sin saber que decir hablando del clima y terminé en cualquier lado. También esta bueno estar más abierto a posibilidades similares.

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