La historia de Julián (III)

Capítulo III: “Hola Jerry”

Julián se levantó nuevamente con la urgencia de apagar el espejo del baño. Esta vez al mensaje de siempre lo miró con otro tono. 8 días. Falta menos. Tomó la pastilla con resignación y eliminó sus mensajes sin mirarlos.

Se pasó toda la mañana buscando información en la red sobre el Dreamer. Era un gran invento, un casco conectado a una pantalla enorme que proyectaba lo que uno enviaba desde el cerebro. Últimamente estaba medio de moda pero era difícil destacarse usándolo, más que nada porque a nadie le resultaba interesante lo que uno pudiera proyectar. Pero había gente que lograba proyectar cosas maravillosas, historias bien formadas con personajes claros, giros en la trama y efectos espectaculares. Por costos y por posibilidades, fue reemplazando rápidamente a los actores de carne y hueso y los efectos especiales.
En teoría era difícil, pero no imposible, proyectar una idea completa de personajes con una historia bien definida. El principal problema era que requería mucha práctica. Claro que Julián nunca había practicado, y su imaginación nunca fue gran cosa. Pero no perdió tiempo y se pasó toda la mañana intentándolo. Le daba terror improvisar, entonces se la pasó siguiendo tutoriales básicos. Igualmente su práctica era una simulación, no iba a poder usar el aparato real hasta la noche, si es que se animaba. Así que por ahora se conformaba con concentrarse en pensar letras enormes que decían «hola mundo» sobre una pantalla imaginaria. Se desilusionó un poco cuando se quiso pensar a si mismo de joven y no logró acordarse de nada.

Por la tarde buscó todo lo que pudo sobre el lugar que le había dicho Tefi. Pero no se acordaba ni del nombre. Le resultaba curioso que lo único que recordaba bien del día anterior era a ella. Sus gestos, sus muecas al decir las cosas. Sería una lástima no cruzármela más. Con un poco de maña encontró información sobre el lugar. Era un bar chiquito que quedaba un poco alejado del centro. Encontró también fotos de esta chica Fez, que trabajaba como moza ahí. Y confirmó que efectivamente era noche de open mic, a partir de las siete. Decidió que iba a ir temprano, para que haya la menor cantidad de gente posible.

Según la mayoría de los tutoriales sobre el Dreamer, lo ideal antes de usar el aparato por primera vez, era tener una idea de a donde iba a ir la historia. Saber cuales eran sus personajes y sus diálogos. Tener un guión. Aconsejaban también para los principiantes imaginar como protagonista a algún personaje existente, si es posible de la televisión o películas, que resulte familiar para la mayor cantidad de gente posible. Julián decidió entonces usar al protagonista de la serie que había mirado el día anterior. Pensó en practicar alguna escena de la sitcom, y para eso la puso de nuevo. Se sentó delante de la tele, pero esta vez no activó el borraMem, para tener un mejor registro. Volvió a ver lo mismo que el día anterior y descubrió asombrado la felicidad que puede traer ver una comedia anticipando los remates de los chistes. Esto se puede ver mil veces y siempre va a ser gracioso. Descubrió chistes nuevos, que seguramente se le habían escapado a primera vista, y entendió un poco mejor los personajes. El mundo se entiende distinto si lo podemos rever.

Después de mirar un par de capítulos eligió una escena bastante fácil para representar. Corta, graciosa, sin mucho movimiento y con diálogos básicos. La repasó una y otra vez en su cabeza hasta poder visualizarla mentalmente sin problemas. Ya estaba listo para enchufarse a un Dreamer. Y se acobardó.

¿Para que voy a ir? pensaba. ¿A pasar vergüenza? ¿A quien le va a interesar lo que yo proyecte? ¿Estará ella? ¿Qué carajo me importa? Finalmente se decidió a ir, más que para ver como le iba con el Dreamer, para ver si podía responder estas preguntas que le estaban dando vueltas.

Esta vez le preguntó su opinión al armario sobre que vestimenta sugería. Después de rechazar varias opciones, aceptó usar una camisa a rayas, con un jean y un saco azul oscuro, más formal. Minutos después de apretar Aceptar, y pagar los 200 créditos correspondientes, ya tenía la ropa lista recién impresa.

El barcito quedaba bastante lejos, cómo no había metro directo se tomó un auto particular, de esos que se manejan solos y andan merodeando en cada esquina a la espera de incautos peatones. Hacía varios meses que no se movía por esa zona y se sorprendió al ver que ahora estaba llena de bares y carteles luminosos que antes no estaban. Tuvo bastantes dificultades para encontrar el lugar, que era una puerta chiquita con una escalera hacia arriba. Se tuvo que guiar por el asistente del iDevice, que tenía fama de poco confiable.

Al entrar descubrió que el lugar era tal cual había visto en las fotos. Todavía estaba vacío y había solo dos o tres personas tomando algo. A pesar de que el reloj ya marcaba las siete y media, aún no estaba preparado el escenario. Se acercó a la barra y se pidió un trago sin preguntar cuanto costaba. Había decidido que ya no importaba, total al morirse el saldo siempre vuelve a cero. A menos que sea negativo, claro. El trago que se pidió era un Old Fashioned. Que cuenta la leyenda era realmente antiguo, inventado hace como 250 años atrás. Lo que tomaba el viejo. Pobre papá, ni me lo imagino si viviera ahora en este mundo… él que le tenía miedo a los drones.

Primero tomó uno para aflojarse. Después otro más para inspirarse y un tercero para no perder la costumbre. Sentía que no podía estar sentado sin un vaso en la mano. El lugar se empezó a llenar y se distrajo mirando a los clientes del bar. De golpe se le cruzó la moza que él tenía que buscar, Fez. La llamó con una seña torpe y le preguntó como era el asunto del Dreamer y el escenario. Simplemente había que anotarse en una pizarra electrónica y esperar el turno. Vio que había 2 adelante y dudó. ¿Le digo que vengo de parte de Tefi? Mejor no, así no me hace pasar primero.

El primer artista que subió parecía bastante boludo. Después de unos minutos de calentamiento donde solo proyectaba colores, terminó contando una historia muda sobre un chico que jugaba a la pelota. Julián creyó reconocer que era el argumento de alguna canción pero no supo cuál.

Segundo subió un gordito todo nervioso. Saludó con un beso a su novia y pidió al dj una canción en particular. Enseguida proyectó corazones, flores, mariposas y unas letras enormes que decían BEBÉ TE AMO. ¿TE QUERÉS CASAR CONMIGO?. La sala estalló de sorpresa. Ella gritó que sí llorando y corrió al escenario a abrazarlo, mientras él se sacaba el casco apurado. Todos se emocionaron y aplaudieron. Mirá estos pelotudos, y encima justo ahora me toca a mí.

Dudó bastante cuando se iluminó su nombre en la pizarra, pero finalmente se animó. Por suerte todo el escándalo de la pareja había distraído bastante a la gente y ya nadie le prestaba atención al escenario. Se subió y apenas se puso el cascó empezó, como decían los tutoriales, a imaginar imágenes fijas, como para calentar. De a poco en la pantalla comenzó a aparecer un ambiente. La cocina de un departamento, que aunque nadie reconocía, pertenecía a su antigua sitcom. Hasta ahí venía bien. En la pantalla se veía como se abría una puerta y entraba un personaje alto que no tenía muy definido el rostro pero sí la ropa y el pelo. Enseguida empezó a sonar el ruido de un teléfono, pero al imaginarse eso la pantalla se puso en negro. Julían sabía que llevaba mucha práctica reproducir sonidos en el Dreamer sin dejar de proyectar las imágenes al mismo tiempo, pero estaba decidido a intentar todo. Lamentablemente para él, el sonido del teléfono le llamó la atención a varios de los presentes, que volvieron los ojos hacia la pantalla y lanzaron un tibio aplauso. Julián necesitó de mucha concentración para enfocarse en su historia y no ponerse contento por los aplausos, y por lo que parecía ser un éxito. Las horas de leer tutoriales y practicar imaginando fuerte habían dado resultado. El siguiente paso era que el protagonista atienda el teléfono, y tener una conversación. De golpe en la pantalla el personaje pasó de estar lejos del teléfono sonando a estar diciendo “hola” con el tubo en el oído. Y de golpe otro personaje, mucho menos formado y sin rasgos claros apareció a contestarle. “Hola Jerry” se escuchó en el escenario, y nuevamente hubo algunos aplausos. Esta vez Julián no pudo evitarlo y abrió los ojos para agradecer, poniendo en pausa un poco la historia. Y ahí fue cuando la vio a ella.

Apoyada sobre una mesa cerca de la puerta, hablando con la mesera pero relojeando el escenario, estaba Tefi. Le hizo un saludo con la mano y él no supo como reaccionar. Enseguida la pantalla se puso oscura y en el centro, un poquito iluminada, apareció una mujer. Era ella. Julián se puso colorado y empezó a luchar con todas sus fuerzas para cambiar el tren de pensamiento. La pantalla cambió rápidamente y empezó a mostrar árboles, el mar, un desierto. Pero volvió ella. No estaba muy claro, para el resto del mundo era una mujer joven con los rasgos medio borrosos y unos ojos verdes enormes y amenazantes. Pero eran los ojos de ella. Él lo sabía, y ella también. Julián cerró los ojos y trató de pensar en otra cosa, pero no pudo evitarlo. La siguió imaginando feliz, sonriente, íntima. En una cama enorme y blanca, con el sol entrando desde la ventana para acariciarle la espalda desnuda, los senos, las piernas. No supo bien que se vio en la pantalla. Cuando escuchó las risas de todos los que estaban en el bar, abrió los ojos y se sacó el casco de un tirón.

Alcanzó a verla a ella salir de la sala apurada y corrió detrás.

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