La historia de Julián (IV)

Capítulo IV: “Mah sí”

Julián bajó a la calle y miró para todos lados, buscándola a ella. La encontró sentada en el cordón de la vereda de enfrente, hundiendo la cabeza entre las rodillas.

Cuando se acercó, ella levantó la cabeza y lo miró por unos segundos. Julián no se acordaba cuándo había sido la última vez que lo habían mirado con tanto fuego.
 — Disculpame Tefi, de verdad, fue sin querer, te pido perdón. — dijo apenas se recuperó. 
Pero ella había vuelto a poner su cabeza entre las rodillas y ni lo miraba. 
Él siguió pidiendo perdón hasta que de golpe ella estalló:
 — La puta que te parió pervertido de mierda, que pelotuda soy, pensé que eras distinto. Tendría que haberme dado cuenta, soy una idiota.
 — No, no sos una idiota Tefi. Yo soy el idiota, disculpame. — dijo él, muriéndose de ternura — No sé que me pasó, te juro que traté de evitarlo y no pude, no sé muy bien que se vio pero yo quería apagar todo.
 — Sos un forro, podrías ser mi abuelo y me querés cojer. Claro, querés cojerte una pendeja antes de morir, porque no te vas a buscar una puta y me dejas de joder, moribundo de mierda. 
Julián no supo como reaccionar. Se quedó un rato en silencio, mirándola, hasta que finalmente dijo:
 — Tenés razón, disculpame. Soy un pajero. Pero te juro que no quería, no fue mi intención, no te molesto más — dijo y se dio media vuelta y empezó a caminar para el lado de su casa mientras ella no hacía ningún esfuerzo por detenerlo.

Decidió volver caminando, aunque su casa quedaba lejos. Necesitaba pensar un rato y entender que era lo que había pasado. Soy un bardo. Pobre piba. ¿Que carajo habré proyectado en la pantalla? Que ganas de joder al mundo, porque no me moriré de una puta vez.

Caminó rápido por la avenida y dobló la esquina por inercia. Cuando llegó a la mitad de cuadra se dio cuenta que no sabía para dónde había agarrado, ni para dónde quedaba su casa. Vio a lo lejos el cartel del metro, pero le llamó la atención un local pequeño de comidas caseras y decidió entrar. No estaba de humor para enfrentarse a la inquisidora multitud del metro. Además, hacía mucho tiempo que no comía comida de verdad. Se la pasaba cenando las vitaminas y comida en polvo que le ofrecía su alacena.

El local no tenía muchos clientes. En realidad no tenía ninguno. Comer comida real era un lujo que muy pocos se daban, y mucho menos en un restaurante. Todos los nutrientes para una dieta balanceada eran brindados por una comida sintética en polvo, que venía en varios sabores. No hacía falta más. Pero Julián estaba harto de alimentarse siempre con eso.

Entró y vio que en el lugar había solo tres mesitas, y se sentó en la más lejos de la puerta, frente al televisor. El hombre a cargo del lugar vino enseguida y muy contento le entregó la carta con el menú. No quedaba claro si era el mozo, el dueño, o el cocinero. Seguramente era todo junto. 
 — Buenas noches jefe, hoy tenemos carne al horno. — dijo orgulloso — Carne de verdad 100% natural. También tenemos ensalada orgánica. Y si no le puedo hacer unas hamburguesas, pero esas son sintéticas.
 — Te pido la carne al horno. — contestó Julián— ¿para tomar puede ser un vino? Ya que la hacemos, la hacemos bien.
 — Vino puede ser, pero solamente instantáneo — dijo el buen hombre y bajó la cabeza.
 — Está bien igual, tampoco soy millonario.

Mientras esperaba la comida sacó cuentas de cuanto llevaba gastado. Esto me va a salir carísimo. Por suerte tengo créditos de más que no vengo gastando hace años. No se acordaba cuando fue la ultima vez que había salido a comer afuera. Hoy encima gaste un montón en el bar ese, como 4 tragos, Dios mio que vergüenza. Pobre piba, que forro que soy. Que maquina de mierda el Dreamer ese, como odio toda esta bosta.

— ¿Vio que loco todo esto? — dijo el mozo cuando se acercó a dejarle el vaso de vino.
Julián lo miró sin entender. 
El mozo señaló la tele y siguió: — Todo este lío de La Resistencia, hoy prendieron fuego la estación Cinco del tren. Todavía están peleando con la policía.
Julián asintió y le puso atención a la pantalla.

En el televisor se veía un cartel de alerta y un clip que se repetía sin parar, que mostraba algunas personas, con la cara tapada, siendo atacadas por mucha policía, también con la cara tapada. El zócalo decía «La Resistencia ataca de nuevo».

“Aquí vemos como los terroristas atacan a las fuerzas de seguridad, con palos y fuego…” gritaba una voz chillona en la tele. “…en estos momentos la policía esta avanzando, para dispersar a los manifestantes…”.

— Mirá vos que hijos de puta como le pegan a todo lo que se mueva— dijo Julián, a nadie en particular.
El mozo, que se había quedado parado al lado de la mesa, contestó: 
— Está bien. Hay que exterminarlos. ¿Por qué no se quedan en su territorio, que vienen a molestar a la gente trabajadora?
Julian lo miró fijo. No tiene sentido ponerse a discutir con este infeliz. Es igual que todos los que se comen el discurso de los medios. No tiene la culpa de ser ignorante. Finalmente dijo:
 — ¿Y? ¿marcha esa carne al horno, o no marcha?
Sin decir nada el mozo se volvió para la cocina a averiguar.
La situación esta cada vez peor. Encima estos pobres infelices reclaman que el gobierno les de la pastilla. Si supieran lo choto que es este sistema estarían felices de quedarse excluidos.

Enseguida la tele cambió de tema. Con el fuego apagado y los manifestantes detenidos, ya no había alerta ni noticia. De un segundo a otro la conductora volvió a su tono alegre y presentó un segmento de chistosos videos con bromas a peatones distraídos.

Por suerte en ese momento el mozo salió de la cocina con un plato que tenía un olor exquisito. Julián se tomó un momento largo para oler el plato apenas se lo pusieron adelante. Mmmm, olor de verdad. No como el olor químico de los sintéticos. La verdad que el plato estaba buenísimo. Una carne jugosa, aunque media quemada. No estaba claro de que animal venía pero a Julián no le importaba. Llenarse la boca, sentir con toda la lengua el gusto de la comida y saborear cada bocado eran placeres que no se daban todos los días. Menos mal que me animé a entrar, esta fue lo único bueno de esta semana de mierda.

Pero cuando pensó en la semana enseguida pensó en Tefi, y en la cerveza compartida. Bueno, lo único no. No sabía bien porque volvía a pensar en ella. No era amor, no era calentura, a pesar de lo había mostrado la pantalla él tenía bien en claro que no pasaba por ahí. Me dan ganas de abrazarla, protegerla. Me hace acordar mucho a Julieta.

Sacó su iDevice y sin pensarlo mucho se puso a buscar info en la red. No sabía nada sobre Tefi, más que el apodo, que encima no era el legal así que no estaba en ningún registro. Pero sí tenía información sobre Fez. La amiga que trabajaba en el bar. Desde la página del bar sacó el nombre completo de Felicia «Fez» Zamora. Un repaso por el directorio virtual le dio todos los datos que necesitaba saber. Qué edad tenía, dónde había nacido, qué estaba estudiando. Fez tenía un año más que Tefi, así que compañera de universidad no podía ser. Él sabía que Tefi era menor, seguramente estaba en el último año de la educación básica. Lamentablemente Fez tenía activa la lista de contactos solo para los amigos, por lo que no pudo encontrar a Tefi directamente.

Se tenía que crear un perfil trucho. Me estoy yendo al carajo, pensó mientras daba de alta una cuenta. Agregó a Fez pero no tuvo respuesta inmediata. Siguió mirando el perfil y entre la data pública encontró el nombre de la escuela donde había cursado la secundaria. Valía la pena mirar.

Julián había trabajado cincuenta años en el ministerio de educación, antes de jubilarse. Por su trabajo tenía acceso a las bases de datos donde figuraban establecimientos y alumnos. Probar no cuesta nada, pensó mientras entraba a la vieja página administrativa. No te puedo creer que mi clave sigue funcionando. No le fue difícil entrar y filtrar por colegio, sexo y año de promoción para llegar a una lista de 500 alumnas. Tefi no figuraba como apodo de ninguna, pero había cuatro Estefanías y una Steffy.

Buscó uno por uno esos nombres en el directorio virtual y fue descartando por las fotos de perfil. De las que se veían claramente ninguna era, pero había dos de la lista que no se llegaban a distinguir. Decidió escribirle a las dos.

De: Julián «Gomito» Gomez
Asunto: ¡Disculpame!
Hola Estefanía. Primero que nada quiero aclarar que estoy medio desesperado. Estoy mandando este mensaje a varias personas con el objetivo de encontrar a una sola.
Así que si este mensaje no tiene sentido para vos, si no sos la persona que busco, te pido por favor que dejes de leer acá y lo borres inmediatamente.
Gracias y que tengas un buen día.
Julián.
Ahora sí. ¿Tefi? ¿Sos vos? Primero que nada te quiero pedir perdón por lo de hoy. Yo se que pareció cualquier cosa pero te juro que no fue mi intención proyectar eso en la pantalla. No soy un degenerado y no quiero nada sexual con vos. Y sí, soy consciente que haberte stalkeado para conseguir tu nombre y enviarte este mensaje para decir que no soy un degenerado es bastante contradictorio. Pero ya no me importa.
Cuando una llega a mi edad, pierde lo poco de dignidad que le queda. Tal vez por eso me parezca tan importante arreglar las cosas con vos, no lo sé. Tal vez a vos no te importe, ni leas este mensaje, pero yo siento que lo tengo que escribir para recuperar un poquito de honor.
Estos últimos días estuve pensando mucho sobre el estado del mundo actual. De como era cuando yo era joven, antes de que todo se fuera al carajo. ¿Sabés que cuando yo tenía tu edad todavía no se había inventando la pastilla Magyca? Bueno, no importa.
Lo que quería decir es que uno empieza a darse cuenta las cosas que hizo en este mundo, las personas que rozó con su existencia, la huella que dejó en el tiempo. Y yo me doy cuenta que la huella que dejé es tan débil que ya se empezó a borrar, incluso mientras estoy vivo. No hice nada importante, no afecté a nadie positivamente. Y encima ahora cuando ya no tengo nada que hacer, vengo a cruzarme con vos y hacer lo que hice.
Me estoy yendo de este mundo y no quiero dejarlo peor de lo que encontré. Y eso incluye no dejar una buena piba traumada por pelotudo.
Dejame que te explique lo que pasó.
Desde el momento que te vi discutir con el boludo del drugstore que me llamaste la atención. Había algo en tu actitud rebelde que no era común, esto ya te lo dije. Me hiciste acordar a otros tiempos, muchos más simples y más felices. Donde, por ejemplo, podías ir a comprar una birra siendo menor y nadie te decía nada. Pero también podías enamorarte sin el peso de la sociedad de armar la pareja perfecta. Podías enamorarte para toda la vida, sin saber si eso iba a ser cinco, seis o cien años. ¿Y por qué estoy hablandote de amor? No, no es por pervertido. Dejame que te siga contando. Cuando te vi de nuevo ese día, sentada en el cordón de la vereda, me di cuenta que la razón por la que me habías llamado tanto la atención era porque me hacías acordar mucho a Julieta. 
A Juli la conocí cuando eramos chicos, yo tendría unos 10 años. Me acuerdo que un día fui a jugar a la casa de un compañero de escuela y ahí estaba ella. Era la hermanita del gordo Sebas, que siguió siendo mi amigo por muchos años. Ella vivía a la vuelta de mi casa y fuimos creciendo con la certeza de que íbamos a terminar juntos. Mirábamos las mismas películas, leíamos los mismos libros (todavía existían los libros de papel) eramos, perdoname el cliché, dos almas gemelas. 
El día que aceptó ser mi novia fue el día mas feliz de mi vida. Teníamos catorce y quince años y la noticia no sorprendió a nadie, aparentemente todos ya sabían que eramos novios menos nosotros. Vuelvo a repetir que esto es antes de la pastilla, a los dieciocho la gente ya era adulta, no sólo en lo físico sino tambíen en lo mental (se supone). A los diecinueve empezamos a estudiar medicina, porque ella quería estudiar medicina y yo no podía imaginarme lejos de ella durante un día entero. Toda la época universitaria fue hermosa. Seis, siete años que pasaron rapidísimo. Ella creció y se transformó en una mujer maravillosa y yo crecía detrás haciendo todo el esfuerzo posible para ser digno de ella.
Cuando yo estaba por terminar la carrera y recibirme de médico nos enteramos de la peor noticia. Ella tenía cancer. Obviamente todavía no existía la pastilla, y los tratamientos eran avanzados pero a veces la enfermedad era fulminante. Yo arranqué la especialidad de oncología, para tener acceso a tratamientos y becas especiales. Ella tuvo que abandonar la carrera. Fueron dos años muy difíciles. Finalmente a pesar de los trasplantes y terapias, ella murió en septiembre de 2049. Seis meses después se empezó a vender la puta pastilla.
Nos habíamos prometido amarnos toda la vida, y yo cumplí la promesa. Aunque me llevó ciento veinte años más que a ella.
Por ahí esto que te cuento no tiene sentido para vos. Sos chica, y además el mundo de ahora es demasiado distinto. Podés equivocarte mil veces que no va a pasar nada. Ya no existe el amor eterno, es todo efímero.
Pero cuando te vi en el barcito, conectado a ese aparato de mierda (muy mala idea la tuya por cierto) se me vino a la mente Juli. Por eso la confusión, por eso esas imágenes tan claras (que en verdad pasaron, eran recuerdos). Pero es cierto que estaba tu cara. Vaya a saber uno por qué. También es cierto que ya estoy viejo, y me duele en el alma lo que te voy a decir pero es así: Ya no la recuerdo bien a Julieta. Recuerdo su piel, sí, recuerdo su olor, pero no recuerdo bien su cara. Son muchos años y la memoria es corta. Mucho tiempo vivido al pedo, llenando el cerebro de memorias que no me sirven.
Así que te pido que me entiendas, te pido que me perdones. Y te pido que no te pongas mal ni te hagas cargo de los desvaríos de este viejo idiota. Yo arrastro mis culpas, que ya las tengo bien asumidas, pero no quiero sumar la culpa de haberte hecho llorar. Vaya a saber uno como te afectó, pero me miraste con un odio que ninguna chica tan joven debería tener.
Si llegaste hasta acá, gracias, de corazón.
Julián.

Miró la pantalla varias veces, releyó lo que había escrito y finalmente presionó enviar. Mah sí.

A todo esto habían pasado como dos horas. Cuando levantó la cabeza el mozo lo miraba fijo con cara de aburrido. Pidió la cuenta y pagó para volverse rápido a la casa. Ojalá que lo lea, ojalá que lo lea, ojalá que lo lea. Igualmente escribir la carta había servido. Por lo menos había entendido las razones de por qué actuó como actuó, y por qué era que le importaba tanto esa piba.

Volvió contento en el metro, con una sonrisa desubicada para el lugar y la hora.

Cuando llegó se dio cuenta que estaba haciendo tiempo y no se quería ir a dormir. Casi saltó del sillón cuando su iDevice y su espejo hicieron ruido al mismo tiempo. Había recibido una respuesta.

De: Estefanía «Felicity» Arnoux
Asunto: RE: ¡Disculpame!
Hola Julián. ¿Cómo estás? Primero dejame decirte que NO SOY TU ESTEFANÍA.
Pero no pude evitar leer la carta hasta el final y me emocione mucho.
Te deseo lo mejor.
Felicity.

Se dejó caer en el sillón de nuevo, prendió la tele para que haya ruido de fondo y se quedó pensando un rato en Julieta. ¿Nos volveremos a ver?

El trajín del día le estaba pasando factura. Los tragos, la comida, los nervios. Todas cosas a las que no estaba acostumbrado. Se quedó dormido en el sillón, al ratito de sentarse.

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