Made in Taiwán

Cuando uno piensa en Taiwan lo primero que se le viene a la cabeza es esa frase. Cuando yo pienso en Made in… lo primero que se me viene es Made in Lanús.

Creo que ahí empiezan y terminan las conexiones entre Taiwán y Lanús. Sin contarme a mí, claro. Entonces ¿Qué mierda hago acá?

No, no me vine a poner un supermercado (aunque si lo hiciera se llamaría “El Uruguayo” o algo por el estilo solo para molestar).

Como ya expliqué, Taiwan me parecía un buen lugar con cosas que extrañaba en Japón, como frutas baratas, facilidad de transporte, algunas playas, etc.

El laburo en el hostel acá es temprano (y cada vez más fácil por suerte, más ahora que vino otro pibe a ayudar también) y me queda el tiempo libre y me la paso turisteando por ahí.

Visité un par de templos, fui a un walking tour gratis, fui a varios night markets, fui al cine, hice un par de trekkings.

Me cuesta moverme porque me da fiaca, pero miro el mapita y siempre encuentro algo para hacer cerca de una entrada de subte.

Me la paso caminando un montón, escuchando música con los auriculares y recorriendo la ciudad.

Una de las cosas que no me gusta de hacer cosas de turista es que todo el resto de la gente que me cruzo… es turista. Me había olvidado lo molestos que pueden ser.

Un ejemplo. El otro día fui a Elephant Mountain, un “trekking” que son 15 minutos de subir una escalera a 5 cuadras de una estación de subte, pero que esta bueno porque esta arriba de una montaña y tiene la mejor vista de la ciudad, y es la foto más famosa cuando buscas Taipei en Google.

Había leído que al atardecer se llena de gente, así que ya sabía más o menos que esperar. Cuando llegué, alrededor de las 4 y media, no estaba tan lleno.

Es un lugar que esta en el medio de la montaña (no arriba de todo) pero que se ve la ciudad perfecto y tiene cuatro cinco piedras para subirse. La piedra de enfrente de todo, la que tiene mejor vista, la típica donde todo el mundo se saca la foto, tenía una cola de gente que subía, se sacaba unas selfies y se bajaba. Yo esperé un poco y me subí. Le pedí a un chino que me saque la foto y esta vez, si bien no es gran cosa, por lo menos se me ve.

Después me trepé a una de las piedras de atrás y me dediqué a esperar el atardecer mirando a los chinos posar y sacarse fotos enfrente mio.

En un momento, tipo 5 y veinte, dos cosas pasaron simultáneamente.

Primero aparecieron dos gringas entre la mayoría de orientales y se treparon a la piedra. Me llamó la atención que una trepó con un vaso de cafe tipo starbucks, me pareció ridículo hacer eso para una foto.

Al mismo tiempo un chino me habló y me preguntó como me había subido a mi piedra. Yo me había subido por una lado bastante alto y complicado, y el chino parecía de 50 años, así que le señale por donde pero le dije que trate de subir por otro lado que por ahí le era más fácil.

Mientras el chino trataba de subir con una sola mano (con un bolso y un trípode en la otra) y casi se mata un par de veces, veo que las gringas no solo se habían subido las dos con su vasito, si no que subieron mochila, bolsas y todo y sentaron ahí en el medio de la piedra como si fuera de ellas, cagándole la foto a todos.

El chino se me acomodó muy cerca, demasiado para mi gusto que ya me había acostumbrado al respeto que tenían los japoneses por los espacios interpersonales, y empezó a armar su trípode. Me miró y me preguntó si le iba a sacar fotos al atardecer, o si me iba a quedar hasta la noche. Yo le dije que iba a sacar un par de fotos pero con el teléfono nomás. Me miró con cara rara. A todo esto, a las gringas que estaban hablando muy alto, tirando comentarios del tipo “que linda vista, valió la pena tanto esfuerzo” (¿subir una escalera 15 minutos te parece tanto esfuerzo?) les ofrecían un par de veces “¿Quieren que les saque una foto?” como para decirle “ya tenés tu foto, bajate”. Pero ellas le daban su teléfono al que pedía, posaban y después de agradecer se quedaban ahí. Incluso ya habían sacado una bolsita con comida y estaban morfando algo. A toda la gente que llegaba y quería sacar una foto, le salía con las gringas en el medio como si fuera una publicidad de starbucks.

Mientras tanto, el chino estaba armando el trípode y apoyándomelo en las patas. Miraba, medía, encuadraba con la manito y los dedos en L, se creía Stanley Kubrick, no sé.

Detrás de las gringas, que o no se daban cuenta de nada, o se hacian las boludas, se iba formando una fila de chinos que, muy tímidos para protestar, estaban tratando de sacarse fotos con el paisaje de fondo en posiciones incómodas.

Una vez que el chino terminó de configurar el trípode, como 30 minutos después de arrancar, sacó de su bolsito, para poner arriba del trípode… un teléfono!. Tanto quilombo para sacar una foto con un Samsung S6, no se puede creer.

Para todo esto las gringas seguían hablando boludeces fuerte y yo me estaba empezando a enojar. Habían pasado más de 20 minutos y nadie más se había subido a la piedra, y ellas no daban señal de querer bajarse. Yo no quería hacer nada porque estaba mirando a ver que pasaba con el resto de la gente abajo de la piedra. Pero quería sacar más fotos y que no me aparezcan en el medio. Estaba por ir y preguntarles si de verdad no se daban cuenta que había gente esperando, que todo el mundo iba se subía se sacaba una foto y bajaba pero ellas llegaron y creyeron que la piedra era de ellas. Yo hasta pensaba que la otra alternativa era mejor. Que lo hagan de hijas de puta, me parecía más entendible (no respetable) y me enojaba menos a que sean tan egoístas que no se den cuenta que existe algo más que ellas y se caguen en los demás. ¿Qué se creen que es esto que pueden venir y disponer de los espacios públicos y los recursos naturales? ¿Irak? ¿Latinoamérica?

Por todo lo que venían diciendo y por estas actitudes, yo estaba convencido de que eran de Estados Unidos. Todo lo lindo que venía pensando en estos meses, como había descubierto que mi pre concepto de gringo estaba equivocado, gracias a que conocí gente que no eran para nada el estereotipo que uno tiene de los yankis, que es un país muy grande donde hay gente muy distinta y la mayoría buena onda. Todo a la mierda por estas dos que seguro eran gringas, faltaba que su bolsita de comida tenga la M de McDonals nomás.

Después de un rato y solo para molestar, se me ocurrió hacer algo.

Le di mi teléfono al chino, le pedí que me saque una foto y me bajé de mi piedra, que era más alta. Me acerqué a la piedra principal, pasé entre toda la gente que estaba ahí tratando de inventar un angulo imposible de foto, pedí permiso y me trepé a la piedra con las gringas que me miraron sorprendidas. Las saludé como si nada, les dije que me iba a sacar una foto y me paré entre ellas mirando al chino. 20 segundos más tarde, les agradecí y antes de bajarme les pregunté de donde eran. “America!” — “California” dijeron al mismo tiempo. Me reí y me bajé sin decir nada.

Volví a mi piedra donde el chino me devolvió el teléfono y comprobé que me había sacado 1 sola foto media torcida y antes de tiempo en los 20 segundos que me tuvo ahí posando. Me senté a esperar y a los dos minutos subió un chino a la piedra principal, saco una foto y se bajó. Las gringas ni se movieron. Atrás de él, subió una china, que sin dramas se sentó en el medio de las dos gringas, se puso de espaldas y posó para la foto, las gringas mirando a camára con cara de orto.

Cinco minutos más tarde la piedra estaba llena de gente y yo no podía contener la risa. Las gringas estaban corridas al costado tratando de no salir tanto en la foto de todos y la gente se subía, sacaba la foto y bajaba, pero ahora con un par de gringas más un par de fotógrafos que se quedaban sentados también.

Llegó el atardecer, y aunque justo se nubló, se veía todo lindo. Las gringas se fueron antes que se empiecen a prender las luces de la ciudad, yo me fui un rato más tarde.

Ir a lugares bien turísticos tiene eso, que te cruzás con turistas que muchas veces son lo peor de cada país. Me había desacostumbrado, porque en los últimos lugares donde estuve casi ni traté con turistas y a los que cruzaba los miraba mal como cualquier local. Pero en este país casi no hay gente occidental que venga a quedarse mucho tiempo, así que no se bien que voy a hacer o cuanto voy a estar por acá.

Mientras tanto, ando boludeando por ahí. Ahora en un par de días con suerte vuelve a salir el sol y puedo ir a hacer algo copado en los dos días libres que tengo juntos. Pienso que por ahí me puedo ir a la otra punta del país, al este, o al sur (digo la otra punta pero son 4hs en tren, Taiwan es más o menos del mismo tamaño que Misiones) a ver que onda la gente ahí. Dormir en alguna otra ciudad un día ver algún parque nacional y después volverme.

Igual acá los taiwaneses por más que sean de capital son super buena onda, al menos conmigo.

El otro día algo muy copado que hice fue ir a pasear por una zona que esta dedicada a la electrónica. Hay dos o tres shoppings de varios pisos llenos de negocios donde venden de todo, cada marca con su local, y muchos puestitos y negocios en la calle por afuera. Es gracioso porque parece típica zona de puestos de feria del sudeste asiatico, pero en lugar de remeras y cosas truchas te venden placas de video de la concha de su madre, periféricos super exclusivos para gamers, maquinas enteras, en partes, cables y adaptadores de todo tipo. Deci que tengo que seguir viajando…

Pero bueno, en uno de esos shoppings, el más nuevo, puesto a todo culo, había un stand de HTC con el casquito de realidad virtual (HTC Vive). Siempre lo quise probar, y cuando estuve en Tokio busqué pero no pude encontrar nada. Y acá había 6 puestos, con 6 juegos distintos, cuando entré de casualidad al shopping.

No había mucha cola para jugar, 4 o 5 personas en cada uno. Pero había que registrarse y pagar como 6 dolares. Yo iba a ir derecho a pagarlo, no me importaba nada, porque venia caliente hace rato con probar eso, pero cuando fui a preguntar el taiwanes me dejó pasar gratis. Sin registrarme porque era un evento solo para taiwaneses. Pero como eran copados me dejaban pasar. Cada uno de los puestos se esmeraban por explicarme el juego y como no tenia el librito donde sellaban si ya habían pasado por ese juego me dejaban pasar varias veces en cada uno. A pesar de que los taiwanesitos atrás mio protestaban.

Hubo un par de juegos que no entendí nada (porque estaban en chino) pero había uno de tiros y naves espaciales que estaba buenísimo. Super divertido y con un nivel de inmersión terrible, al segundo te olvidas que estas moviéndote como un ridículo en el medio de un shopping rodeado de gente. Cuando esta tecnología se popularice un poco más voy a tener que comprarme uno.

Después de estar como 4hs entretenido ahí, fui a uno de los otros pisos, y después de probar auriculares, cámaras de fotos, computadoras, todo lo que dejaban probar, me compré una memoria para el teléfono que ya no tenía espacio de tantas fotos.

Lo podría haber comprado afuera en un puestito y ahorrarme dos o tres dolares, pero la gente de ese shopping se lo merecía por dejarme jugar gratis.

Son buena onda los taiwaneses.

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