Movimiento, las cosas tienen…

Movimiento.

Cuando yo era pibe, muy pibe, cuando tendría, como mucho un año, mis viejos siempre me cantaban esa canción. No sé como me acuerdo pero es así.

No encontré mucha foto para ilustrar el post. Hagan de cuenta que me tomo el tranvía.

Movimiento. Estos días anduve con mucho movimiento. Todavía no me fui a ningún lado, es cierto. Pero desde que volví de Porto que anduve medio perdido, quieto físicamente pero moviendo la cabeza para todos lados.

Es curioso, porque en Porto estaba todo bien, estaba contento y tranquilo, y feliz de volver a Lisboa para seguir. Conforme con mi viaje y mi manera de viajar. Pero cuando volví me agarró medio un bajón y me puse a pensar que mierda estoy haciendo acá. Las cosas de viajar.

Me resulta muy difícil, demasiado, no volverme a Argentina a cada rato. No yo, por supuesto, no es fácil volver en serio (al contrario, tendría que sacarme un pasaje en avión, viajar un montón de horas, renunciar a un montón de cosas, me resulta un quilombo). Pero lo que es más difícil es no irse con el cerebro para allá aunque sea un ratito todos los días. Ante cada duda, ante cada momento al pedo, ante cada chiste que no puedo hacer porque no me lo entienden, ante cada comentario que no le resulta gracioso a nadie más que a mí.

Es jodido estar y no estar. Cada portal de noticias que leo, cada grupo de whatsapp que me manda un mensaje, cada comentario de twitter, cada llamada de mi vieja, cada vez que alguien me recuerda a mis abuelos. Ahí viaja mi cabeza para Argentina sin escalas. Y cuando vuelve a donde está mi cuerpo, lo mira y le pregunta: ¿qué estamos haciendo acá?

A veces la respuesta es fácil. A veces estoy en lugares o situaciones donde la respuesta es obvia y mi cerebro no tarda demasiado en volver a acoplarse al modo viajero. Pero de vez en cuando, me agarra como un delay y ando viajando y disfrutando, en teoría, pero pensando en como mierda vamos a hacer para pagar los 400 mangos de luz que vienen todos los meses en casa. Por ejemplo. Y así no se puede. Porque es imposible no sentirse un hijo de puta en esos momentos. Todos sufriendo y yo acá, al pedo haciendo nada. Ahí no me queda otra que convencerme y volverme egoísta (que también es una alternativa de mierda pero por ahora es la única que encontré).

Parte del problema fue, por supuesto, que me tuve que frenar a pensar donde seguir. Mi plan original para febrero, que era irme a Bélgica, se cayó y me tuve que poner a pensar alternativas. Que me quedo acá en Lisboa en un hostel y me busco un laburo en serio aunque sea un mes (más no puedo porque en marzo tengo que estar en Grecia sí o sí). Que me vuelvo a Porto, al mismo hostel y todo, y trato de hacer eso allá. Que me consigo un laburo de cualquier cosa, que me consigo un laburo de lo mio y me dejo de joder. Que me voy a un WorkAway (o SlaveAway podría llamarse en Europa) a laburar cinco horas por día a algún lugar por un alojamiento que equivale a 15 euros (lo cual es una boludez porque teniendo la ciudadanía no debería ser difícil conseguir un trabajo real). Hay un montón de lugares a los que no puedo ir por ahora porque hace un frío de cagarse. Temperaturas bajo cero. Hay algunas personas que puedo ir a visitar, es cierto, pero vengo de casa de amigo en casa de amigo hace un par de meses. Y eso a veces cuesta también. Y siempre esta vocecita que dice cuando no es todo perfecto “¿para ésto estás viajando?”.

Lo más difícil de viajar es tener que tomar decisiones todo el tiempo. Y cuanto más flexible, cuantas más posibilidades hay, cuanto menos planeado está todo, más difícil es. Que si me quedo o si me voy. Si voy al norte o voy al sur. No solo tengo que decidir teniendo en cuenta un montón de factores desconocidos (que si el clima es lindo o feo, que para donde voy a ir después, que si me voy en avión o en auto, que si me voy a quedar un día o un mes) sino que además cada decisión tacha y borra un montón de posibilidades que pueden no volver nunca más. Si me voy para el norte mañana puede significar no solo que no voy a ir al sur ahora, sino que por ahí no lo voy a conocer nunca (al menos en este viaje, pensar en viajes futuros abre todo otro abanico de posibilidades que no puedo ni quiero imaginarme).

Y a mi particularmente me cuesta mucho también porque siempre fui de no hacerme muchos problemas por nada, y todo me da un poco lo mismo. Hay gente que es capaz de, por ejemplo, mudarse de continente por no querer pasar nada de frío en invierno. Me encantaría tener ese tipo de determinación. Esa intransigencia con algo simplificaría mucho las cosas. Yo dije hace rato que hay lugares donde hace frío y no puedo ir. Porque es lo lógico. Pero mañana me invitas a Islandia a mirar el cielo y yo me voy en remera. Me chupa un huevo el frío si la situación lo vale. Y entonces así termino tachando muy pocas posibilidades.

Todos éstos últimos días estuve pensando, mirando opciones. Mandé algunos mails a workaways donde, a pesar de la explotación, parecía haber buen ambiente con los otros voluntarios. No me parecía tan mal, por ejemplo, irme a Canarias donde hay calor y sol todos los días, y tener que laburar cinco horas sin que me paguen, pero mientras tanto conocer gente buena onda que está en la misma que yo. Pero también puedo conocer gente yendo a un hostel como huésped normal, y puede ser en cualquier ciudad o isla. De este país u otro. Bueno, se entiende. No podría listarles todas las posibilidades porque no termino más. Los volvería locos. Como volví loco al algoritmo de spam de Booking.com. Miré tantos hostels en tantas ciudades distintas que el spam que me manda de vez en cuando ya no sabe que ciudad recomendarme.

De workaway no tuve respuestas positivas (después de todo estaba ofreciéndome sin mucha anticipación) y entonces las opciones se reducían en quedarme acá en Lisboa o en Portugal en un hostel, ir a otra ciudad española donde no haga tanto frío, o ir a visitar a alguien.

Muchas veces la forma de reducir posibilidades también está en la guita. “¿Donde mierda querés ir si no tenes un peso?” es una buena opción para definir donde uno (no) va a ir. Pero yo ni de esa zafo. Por suerte (igual no me quejo) siempre antes de tener que hacer algún gasto así grande agarro algún laburito freelance que me dice “bueno acá tenes la guita si quisieras para gastar en ese pasaje o en un mes de hostel o en lo que quieras”. Obviamente la guita nunca es mucha, y hago cagada y termino usando la excusa de ese ingreso para justificar demasiados gastos distintos. No soy bueno con las cuentas y no tengo en claro si estoy gastando mucho o poco, pero por ahora vengo aguantando bien. Pero con esto también me juega en contra que mi cerebro viaje a Argentina tan seguido.

Una de las opciones siempre fue agarrar la mochila y seguir viaje por mi cuenta. No a lo turista visitando Europa, pero a lo mochilero.

Dejar la tranquilidad de viajar así, cómodo y fácil, con tiempo y lugares donde sentarse en un barcito a tomar algo a escribir boludeces y mirar el mar.

Estos días pensando en el calor me estuve acordando de Tailandia. Y de mis primeros tres meses de viajes, donde no dormí casi nunca en el mismo lugar por más de 3 o 4 noches seguidas.

Y entonces se me dio por cruzarme a Marruecos. Siempre fue una posibilidad, más que nada les soy sincero me interesaba ir para tener más cosas que contar, para poder decir que fui a un continente nuevo, para ver culturas distintas.

Pero a la vez no me llamaba demasiado porque me daba fiaca. Ir de nuevo a esos lugares llenos de gente, que todo el tiempo te están queriendo vender algo, que no podés estar tranquilo, que para moverte te tenés que tomar un bus todo roto y viajar apretado durante horas. Que tenés que dormir en un hostel medio turbio, y andar pendiente de tus mochilas y bolsos. A lo sudeste asiático. Y Marruecos es así, al punto de dejar a muchos europeos traumados cuando van para allá. Y sigue siendo invierno, que no es la mejor época para ir (de día hace calor y de noche mucho frío). Y yo ahora tengo menos ganas de moverme que cuando salí. Y tengo más cosas en la mochila (muchas más, porque me tuve que ir comprando ropa abrigada). Es cierto, yo me adapto a todo, y supongo que una vez que este allá me va a molestar menos. Cuando viví algo parecido no me jodía para nada. Pero después me fui a Japón y me vine para Europa. Una de las razones por las que me fui a Taiwan y no otro lado después de Japón fue justamente esa. Pensé que no me iba bancar volver a la idiosincrasia del sudeste asiático después de tanta pulcritud y limpieza. Pensé que los putos ponjas me habían malacostumbrado.

Veremos ahora que pasa. Anoche me saqué un pasaje para Marrakech para este sábado. (es ridículo lo cerca de fin de mes que estamos y yo no tenía nada definido mas que “me voy cerca del 27” que es lo que había prometido acá)

No tengo nada planeado, por supuesto, no sé cuánto me voy a quedar en ese país, o que lugares voy a conocer. Allá veré. Por ahora lo único que sé es que voy a estar otra vez en movimiento.

Voy a extrañar esta paz portuguesa. Acá me puedo levantar tranquilo, cocinarme, ir a la playa, o a la ciudad, quedarme leyendo, laburando o mirando Netflix en la tele. Por ahora sigo estando conforme con mi forma de recorrer Europa. El domingo pasado fui a pasear a Sintra y me pareció hermoso. Y acá en Portugal no hace frío (17 de máxima, 6 de mínima), al solcito está lindo y hay sol casi todos los días.

Es posible que ir a Marruecos signifique también no volver más a Portugal. Una lástima, me gustó mucho este país.

Pero bueno, como dice la canción que le da titulo al post: A seguir... siempre a seguir.

Cuando tenía 10 años, o menos, fuimos a ver un recital gratis, al aire libre, del Flaco Spinetta. Me parece que era por los bosques de Palermo. La verdad no me acuerdo bien. Me acuerdo que había muchísima gente y que el recital me había parecido medio aburrido (perdón Flaco, era muy chico). Y recuerdo muy bien algo que pasó cuando estábamos volviendo, saliendo del parque caminando entre los árboles (por eso asumo que era en Palermo). Era de día todavía. Y cuándo nos estábamos yendo, mientras le damos la espalda y empezamos a caminar para afuera, en ese momento el Flaco Spinetta se pone a cantar Las Cosas Tienen Movimiento. Me acuerdo mi sorpresa. Me acuerdo de pensar, en mi cerebro de nene de diez años, “¿Que hace este señor cantando mi canción? ¿Me la está cantando a mí?”. Me acuerdo que me preguntaron si la conocía, si la recordaba, cómo cualquiera pregunta sobre cualquier canción normal. Pero yo no terminaba de entender. No era una canción de las que salen en la radio, que se puede conocer o no. Era mi canción. La que me cantaban apenas había nacido. Me ofendí ante la pregunta. ¿Cómo no la iba a reconocer?. Y seguí caminando enojado. También me enojó un poquito que el Flaco Spinetta no la sabía cantar, la cantaba un poco distinto (porque a mi me cantaban la versión de Baglietto). Otra vez, perdón Flaco.

Años mas tarde, más de diez, un día Spinetta volvió a tocar al aire libre en el Rosedal. De esta vez me acuerdo, fui con mis amigos. Fuimos en el 37 que tardó un montón. Como de costumbre llegamos tarde, ya estaba por terminar. Estábamos entrando y Spinetta estaba otra vez cantándome mi canción.

Por ahí me estoy mezclando un poco la segunda vez con la primera. Buscando un poco encontré que por ahí era ésta vez. O ahora que lo pienso por ahí el del primer recital era Fito Paez, que también tocó gratis en ese ciclo de recitales. Tiene más sentido, él fue quien escribió esa canción, cuando tenía veinte años (no la grabó él y se la dio a Baglietto, que la grabó en “Modelo para armar” en el 85, cuando yo nací). En ese caso, perdón Fito. Y gracias.

Ahora que crecí ya sé que la canción no es mía, que es como cualquier canción más. De grande uno aprende hasta las verdades que no quiere saber. E imagino que debe haber muchos pibes de esa época, de esa generación, que también la debían tener como propia.

Pero siempre me acuerdo de esa canción y la tengo presente. Me sé la letra aunque no la cante. Aunque no la escuche hace años y no la pasen en la radio. Por suerte, porque así puedo seguir sintiendo que es mía. (bueno y un poquito de Fito y de Baglietto. Y del Flaco.)

Hace algunos años (gracias a Peter Capusotto y sus videos) llegué a un video hermoso (que nunca se me hubiese ocurrido buscar). Sacado de un viejo VHS, subido por alguien. Esas cosas maravillosas que tiene Youtube. Es una grabación del 85, como yo, donde la tocan y cantan en vivo en un programa de televisión.

No será la versión más linda o la mejor. Pero me resulta imposible mirar el video entero sin emocionarme.

Me resulta gracioso ver la cara de la mina de negro, (la folclorista Suna Rocha, según los comentarios de youtube) que era otra invitada al programa ese y se ve como los mira con una mezcla de admiración y odio, como diciendo: “mirá lo que son estos pibes”. Que increíble.

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