No sos vos, soy yo

El viejo

Perdonáme Barcelona, que querés que te diga. Serás hermosa como dice todo el mundo, serás muy modernita (o modernista) con tus edificios coquetamente maquillados y todos te querrán conquistar. Pero hasta acá llegamos. En este caso (como en todos lo que me toco decirlo, más allá de las circunstancias) la frase de siempre es totalmente sentida y verdadera.

No sos vos, soy yo. Soy yo porque no me vine preparado para encontrarte. Porque no sabía que esperar cuando llegué, y porque tengo otras expectativas que no sé cuales son pero no son estas.

Es que Barcelona es como una mina seria. Que te agarra los primeros días y ya te pregunta: ¿Y vos que querés conmigo? ¿Cuáles son tus planes, tus proyectos? ¿Cómo entro yo en la ecuación? Mirá que estuve con fulanito que quería esto, y le dije que no a menganito porque me pedía lo otro.

Y yo no sé. No tengo respuesta a ninguna de sus preguntas. Mi presentación a Europa fue un par de días rápido en Roma. Que para seguir la gastada analogía de mujeres/ciudades sería como un “touch and go” (?). La pasé bien porque estuve poco tiempo, porque desde antes de llegar ya sabía que recorrer y porque ya tenía pasaje de salida definido.

Después de un par de semanas de bajar mucho el ritmo en el sur de Francia de golpe me aburrí y me dije “me voy a Barcelona unos días”. Pero nada más.

Y cuando llegué me pasaron dos cosas. Primero que me di cuenta que en realidad no tenía tantas ganas de estar de turista de nuevo. Me molesta la situación hostel, y por primera vez en mi vida no me parece simpático vivir con 20 tipos en la misma pieza compartiendo un solo baño. Si, ya sé, estoy exagerando. Pero igual. He estado en hostels de mierda llenos de gringos borrachos que no te dejan dormir, en camas todas rotas y baños sucios, con reggeaton sonando al palo todo el día… Pero así y todo uno sabe hacerse sus lugarcitos, y se aguanta todo porque sabe que, por ejemplo, esta en una isla de Tailandia y tiene un mar increíble a diez metros, algo totalmente ajeno a Lanús.

Y ahí esta el segundo problema. Y es que Barcelona me hace acordar demasiado a Buenos Aires. Por un lado enseguida me pongo contento porque puedo ir a un super a comprar una birra a las 11 de la noche, entendiendo todos los códigos perfectamente. Sé que tengo que estar atento a la hora porque por ahí cierra, sé elegir la birra más barata por más que no diga el precio. Sé donde puedo sentarme a tomarla y donde no. 
Y me gusta que puedo entrar a un bar y comerme un sanguche de jamón y queso como si fuera lo más común del mundo, que si tengo que comer algo puedo identificar rápidamente que es lo que quiero y saber que puedo ir y pedirlo. Pero a la vez eso me hace extrañar más. Sentarme en una esquina a tomar una birra, en Barcelona, me hace preferir estar en San Telmo. Cuando estoy buscando entrar a un bar a tomar un café con leche, instintivamente me parece lindo uno que parece de Buenos Aires. Entrar al mar de Tailandia no me hacía extrañar Mar del Plata. Pasear por las calles de Tokyo no me hacía acordar a nada, imposible sentir nostalgia. Pero no le veo beneficio al sacrificio del hostel en este caso.

Porque si el plan es sentarme en el cordón de la vereda con una birra en la mano a hablar idioteces sobre Messi, prefiero hacerlo con mis amigos de siempre. Y me chupa un huevo los edificios y los acentos y la experiencia y el viaje.

Estos días estuve poniéndome un poco en la piel de la gente que se tuvo que venir acá porque no le quedaba otra, como en la crisis del 2001. Y me parte el alma. Háganme el favor si se van a ir de su país obligados no vayan a un lugar similar, a buscar lo que dejaron en otro lado, vayan a un lugar lo más distinto posible donde este lleno de cosas nuevas. La van a pasar mejor.

Me resulta fácil también imaginar como habrá sido en esa época, porque cuando abro los portales web de noticias de Argentina no entiendo una mierda. Es imposible enterarse de nada, ver una imagen completa. Ni en Página12, ni en eldestape. Ni hablar de Infobae o Clarín. Me entero de boludeces. De las frases disparatadas que dijeron, de que uno escribió una burrada por twitter, de que un día hay una protesta pero que después nunca más se sabe que pasa con ese tema. Y creo que me estoy perdiendo la mitad de las cosas y me las imagino y no se si es peor, porque cuando me cuentan cosas por whatsapp no las puedo creer. Y en el 2001 había menos internet. Y estábamos menos despabilados en relación al rol de los medios.

Sobre eso, quiero contar una anécdota que me pasó en el viaje de Niza — Barcelona. Para ahorrar guita, y también para tener la experiencia, viajé por blablacar. Que es una onda coche compartido donde por la misma guita que un bus, o a veces más, viajas con un extraño que está haciendo el mismo viaje. Yo me vine con un catalán buena onda que manejaba (y volvía de dos meses de recorrer Europa con su auto) y una griega que hablaba en castellano. Casi 8 horas de viaje.

Uno de los primeros temas que salió, fue tema referendums. Independencia de Catalunia, Brexit, el referendo griego. Yo escuchaba a ver que decían. Y a pesar de ser temas que les incumbe específicamente a ellos, no tenían ni idea. La griega no era capaz de explicar que votaron, o porque votaron una cosa y finalmente se hizo otra. Que el NO, que el SI, que salir de la unión europea. Miren que yo mucha idea no tengo, vi un poquito al pasar como fue, pero me acuerdo un poco y tuve que explicarles a ellos un par de veces que rechazaban un paquete de medidas, que Alemania, que la UE, etc.. La charla política terminó con ellos dos muy de acuerdo en decir que el problema era que los politicos son todos corruptos. (“Bueno, Argentina, tu lo sabéis bien”). Gente joven, buena onda, sin una posición antipática o fascista, pero con un nivel de comprensión totalmente básico. En Argentina hasta un pibe de 18 años de la Cámpora (y lo digo despectivamente y todo) te sabe explicar un poco mejor las cosas y ve mas allá de la simplificación atroz que nos imponen. Estos últimos diez años en Argentina nos despabilamos un montón, aunque evidentemente no alcanzó (como quedó claro el 22 de noviembre). Pero igual me dejó buena impresión de cara a futuro porque hay un problema que ya sobrepasamos (y encontramos muchos nuevos, pero bueno, paso a paso). Y lo dejo como consejo para futuras discusiones políticas, no traten de explicar, o defender, o atacar al contrario. Alcanza con hacerle entender al otro que las cosas no pueden ser tan simples, que hay que ver quien dice las cosas y quien sale ganando con las situaciones. Que se den cuenta solos que las herramientas las tenemos.

En fin, política al margen, lo que me pasa en Barcelona es que me hace extrañar demasiado Buenos Aires. Y, paradójicamente, a la vez no me gusta porque esta lleno de argentinos.

Se que es ridículo pero es así. Que el hostel sea 90% latinos, me cae mal. No me dan ganas de hablarle a nadie. Y es que en Asia yo me sentía especial. Después de todo era el único ahí. No tenía que luchar con un montón de preconceptos e historia sobre argentinos en Taiwan por ejemplo. Y al ver otro latino las cosas en común se disfrutaban más. Acá no pasa. Acá escucho de lejos conversaciones sobre lo bueno que es haber llegado hace dos semanas a esta ciudad y ya haber conseguido trabajo (por 300euros por mes, trabajando en el horario de 1am a 8am) y no me dan ni un poquito de ganas de participar de esa charla.

Y serán prejuicios míos, pero si un latino me dice que esta buscando trabajo en Japón porque se quiere quedar yo lo admiro y me dan ganas de felicitarlo, pero ante la misma situación acá en España yo lo miro de reojo con desconfianza. Otra vez, como dormir en el hostel, demasiada renuncia para tan poca recompensa.

Aunque en este hostel haya gente buena onda, que seguro que hay. Pero ni siquiera me dan ganas de hablarles, o de comprarme comida y cocinarme ahí, o de quedarme a laburar o ver una serie. Me despierto, salgo, vuelvo, duermo. Y después le echo la culpa a la ciudad por no estar cómodo. ¿Ves barna querida que soy yo? (no se bien porque le dicen así a Barcelona los españoles)

Pero no todo es mala onda. No la estoy pasando mal. No dejo de estar paseando, con todo el día al pedo para recorrer. Soy uno más de los miles de turistas que pasea por la rambla todos los días, pero no es poca cosa. La ciudad no deja de tener cosas lindas para ver y hacer. Y yo trato de aprovechar todo.

Igual uno de los días que mejor la pasé fue cuando salí con unas amigas de una española que conocí en Kyoto. Re buena onda las pibas. Fuimos al Palacio de la Música, que se podía entrar gratis ese día (que vendría ser como ir al Teatro Colón a pasear un día que no este tomado por los chetos) y después a morfar una hamburguesa con cupones de descuento. Y hablamos boludeces y nos cagamos de risa. Nada especial. 
Aunque se supone que no hace falta, en un país donde hablan el mismo idioma que yo, con un hostel lleno de latinos, andar molestando gente para que “me muestre la ciudad”. Eso me hubiese venido bien en Taipei por ejemplo. Pero igual, fue lindo sumarme a una actividad que seguramente iba a hacer por mi cuenta y socializar un poco con un mínimo hilo en común que a la vez hace la experiencia distinta a hablar con cualquiera del hostel. Y se disfruta más cualquier ciudad cuando pasa a segundo plano porque uno tiene un plan definido.

Otro día lindo fue cuando me fui a pasear a Girona. Pero eso ya no es Barcelona. Es una ciudad medieval, con un montón de historia y muy linda para recorrer sus castillos, murallas, callecitas, iglesias y edificios varios.

El plan era tambíen cruzarme con gente que conocí en Kyoto, pero al final no se dio. Pero me la pase recorriendo, sacando fotos y cuando se puso a llover me metí a leer a un barcito y tomarme una taza de chocolate caliente. Me gusto muchísimo Girona. Y me parece que es porque algo así es lo que yo tenía en la cabeza cuando pensaba en Europa.

Se que hay muchos lugares así o mejor, que podré ver o no en los próximos meses.

Porque la otra cosa que terminé de decidir en estos días, fue que no voy a ir mas parando en hostel en las ciudades. A menos que sean viajes muy relámpago. Pero prefiero ir recorriendo las ciudades donde pueda ir a visitar gente, sean pueblitos remotos o ciudades famosas. Me pueda quedar un día o treinta. Aunque vivir de prestado es feo, es una sensación que me resulta más fácil bancarme porque se que si fuera al revés no tendría problema en invitar gente a mi casa. Y sino conseguiré workaways, o laburo o algo parecido. O me decidiré por una ciudad y caeré con algo alquilado tipo airbnb, como era mi plan original para Europa del este (que esta postergado por el frío).

Mañana me voy para Bilbao, al país vasco, a la casa de un amigo. Y me quedaré ahí un tiempo largo. Hasta que organice a quien más ir a ~~molestar~~ visitar. Por suerte creo que voluntarios no van a faltar.

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