Sorpresas de viaje

Siempre que me cruzo con gente que esta viajando, les pregunto cuál fue la ciudad más linda que recorrieron. O qué pensaron de tal o cuál lugar. Para saber, para tener ideas, para ver si hay coincidencias. Siempre prestando atención a las respuestas fuera de lo común. Por supuesto que las respuestas siempre varían mucho. Pero hay una constante. La gente tiene un mejor recuerdo de un lugar si la pasó bien con la gente que estuvo. No importa si es una ciudad perdida de Vietnam, una capital europea o un pueblito de Buenos Aires. Te dicen que el lugar era hermoso pero lo que te quieren decir en realidad es que la gente con la que se encontraron era muy buena onda.

Esta bueno cambiar de aire de vez en cuando. Al principio no me interesaba demasiado conocer Porto. Lo único que sabía de Porto había venido de una respuesta a una de esas preguntas. Casi por obligación, tuve que venir a visitarla. Me tenía que ir de donde estaba parando en Lisboa por una semana (claro que podía moverme a un hostel en la misma Lisboa, o agarrar un avión para cualquier otro lado) y esa antigua respuesta, más algunas nuevas específicas, me convencieron. Además, había oferta de vuelos por 10 euros (cosa rara porque el bus y el tren salían al menos 20) y entonces aproveché. Dejé la mitad de mis cosas en Lisboa, para no pagar extra por el vuelo y sin mucha expectativa me subí al avión.

Apenas una hora después ya estaba en Porto, una ciudad que me encantó desde el primer día. Mucho tiene que ver, por supuesto, la gente buena onda del hostel donde estoy parando. Ese día que llegué me ofrecieron fideos y vino, y charla hasta la madrugada.

Como es invierno y hace frío en todos lados, como acá todo es un poco más barato que el resto de Europa, y como por alguna extraña razón se consiguen vuelos por 10 euros a esta ciudad, mucha gente elije venir a pasar unos días o semanas acá. Y el buen humor se nota mucho y es más contagioso que un bostezo.

Desde esa primera noche de martes, ya sabía donde comprar morfi barato, que lugares de la ciudad tenía que ver, que el viernes y sábado a la noche iba a salir. Alcanzaba con bajar al lugar común del hostel y preguntar, mis planes ya no dependían tanto de mí y eso es algo que a veces está bueno.

Cuando estuve en un hostel en Barcelona no me gustó. Pero era la misma situación. Estoy seguro que si le ponía un poquito de onda la gente iba a ser copada. Y no me interesaba. Ya en ese momento lo supe, y seguí viaje rápido. Pero acá en Porto me resulta más fácil. Yo creo que ayuda mucho ese buen humor y esa situación en la que se encuentran todos de no esperar mucho (más que un día de sol que acá es normal y en el resto de Europa no tanto) y que la ciudad de tanto. Eso o que el vino tinto sea bueno y barato (información que no me quedaba tan clara en Lisboa, por no tener supermercados cerca de donde estaba parando). Y eso es otra cosa que andaba necesitando un poco. Poder cruzar la calle y comprar boludeces en el super, compartir el cocinar entre varios, eran cosas que por estar en las afueras de la ciudad estos últimos tiempos no hice.

Mucha montañita, y subidas y bajadas, pero con lindas vistas.

La vida de hostel sigue teniendo sus problemas. Los baños siempre quedan lejos, o están ocupados, hay que pagar día a día y se nota en el presupuesto y varias cosas más. Pero me parece que en este caso una semana fue el tiempo justo y necesario para que no me moleste del todo. (Aunque estoy deseando volver a tener el depto de Lisboa para mí, para trabajar, mirar netflix y poder bañarme y cagar tranquilo).

Una de las cosas que me llamó la atención también es que mucha gente de la que esta en este hostel andan buscando trabajo para quedarse por acá uno o dos meses. Es una ciudad chiquita, tranquila y no tan turistica, y la verdad que para pasar el invierno es preciosa. Y estuve pensando seriamente que yo podría hacer lo mismo. Es un bardo porque necesito hacer trámites, pero con la ciudadania italiana no habrían problemas legales. Pasa que no quiero laburar de cualquier cosa, no quiero tener quilombos con el idioma. Tiene que ser algo temporal pero me tiene que servir económicamente. Empiezo a pensar que si busco laburo por qué no laburar de lo mío, pero cuando empiezo a ver ofertas de trabajo me imagino encerrado 8hs en una oficina de nuevo y digo: No. No es para eso para lo que viajé. Es absurdo pensar en buscar trabajo de desarrollador o en sistema por un mes solamente.

Así que no se bien que pensar de ese mambo todavía. Esta semanita me dedique a caminar la ciudad. A veces solo con mi kindle o con mi compu, a veces hablando boludeces con la gente del hostel. En general a la mañana me levantaba y se me daba por salir solo por ahí. Sacar fotos, leer al sol mirando la gente pasar. Y a la tardecita meterme a algún café, pedir un cafecito por menos de un euro y sacar la compu y ponerme a escribir un rato o ver que mierda hago con La historia de Julián. Después a la tarde noche me quedaba en el hostel o salíamos, pero ya en grupo.

Descubrí en Porto una ciudad hermosa, no tan explotada turísticamente y llena de lugarcitos donde es muy lindo sentarse y no tenés a nadie que te venga a molestar. Las calles y las casas se parecen a Lisboa, sigue teniendo la misma cultura, pero es mucho más light. Siempre fui de pensar que las ciudades que valen la pena ver, por ser las más grandes y complejas son las capitales. Que ahi encontrás una muestra completa de todo lo que hay que ver. No puedo evitarlo, Buenos Aires no se compara con nada. Pero no en todos los lugares del mundo es así. Porto es un buen ejemplo. Y debe haber otras ciudades mas al sur o al norte que tambíen tengan el encanto lisboeta sin el marketing y los turistas.

Me mata el codito en la baranda de la vieja que evidentemente estaba esperando que la otra salga a colgar la ropa.

Le suma mucho a mi experiencia portuguesa, tanto por las cosas nuevas que vi acá como las comparaciones que naturalmente ahora puedo hacer con Lisboa. Y pasarse el día boludeando al solcito no está nada mal.

Estuve pensando tambíen, y prestando atención, a todos los edificios antiguos y todas la arquitectura y detalles de la ciudad. Ya lo había notado en Lisboa, y lo dije acá, que es muy lindo como mantienen los estilos, las calles, las costumbres. Todo eso de una época pasada. Y ahí esta el secreto también. Ahí es donde se nota toda la riqueza que países como este, o como España, no deberían tener pero que se fueron robando de los otros continentes en su época de gloria. Tiene sentido mantener las costumbres lo más que puedan, porque hay ciertos lujos que se van a poder dar cada vez menos. O nunca más. No solamente no tiran abajo los edificios antiguos y lindos para poner una torre de mil metros porque respetan lo viejo, sino porque no podrían pagarla. Eso le da tal vez más valor a la vista, o tal vez menos, no sé. A mi me gusta porque me sigue recordando a Buenos Aires.

Me sigue gustando que la gente se tome la costumbre de salir a comer afuera, que se quede horas tomando café, que los sábados y domingo se adueñen de los lugares que el resto de los días están llenos de turistas.

El fin de semana había carpas que vendían cosas en el paseo principal, pero igual estaba tranqui al costado para sentarse a leer.

La próxima vez que alguien me haga una de esas preguntas de viaje a mí, voy a tener que decir que no se pierdan de visitar Porto. Sabiendo que por ahí en otro contexto y para otra persona la ciudad puede no ser tan especial. Pero respetando ese contrato implícito que me hizo firmar la ciudad al recibirme, y que dice “hagamos como tiempos pasados, que acá no pasa nada”.

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