Tres días en Roma

Hace unos días me subí a un avión en Taiwan y, casi 20 horas después, aparecí en Roma.

No fue un viaje fácil. de Taipei, donde casi pierdo el avión porque el bondi no venía (termine compartiendo el taxi con un extraño para llegar al aeropuerto), me tomé un avión que dos horas después me dejó en Guangzhou, China. Ahí me bajé y tuve que esperar 6 horas. Me hicieron pasar migraciones para salir, me dieron una visa temporaria de 24hs y aproveché para ir afuera del aeropuerto a pisar tierra China, pero después me metí para adentro porque no había nada para hacer. Al entrar de nuevo me recontra revisaron todo un par de veces, para dejarme pasar. Lo bueno del trámite es que tengo el pasaporte con un sellito nuevo, lo malo fue que tuve que ir directo a la puerta de embarque y nunca encontré nada interesante para hacer mientras esperaba, ni freeshop, ni wifi, ni nada para entretenerse (en el aeropuerto de Taipei había cosas como esta, por ejemplo).

Después de esperar me subí a un avión por otras dos horas y volvimos a tocar tierra en Wuhan, también China. Ahí nos hicieron bajar otra vez, volvieron a chequear mi pasaporte y mis cosas (como si hubiese alguna chance de que tuviera algo distinto de la última vez que chequearon en Guangzhou) y tuve esperar en un cuartito donde no había nada, para volver a subir al mismo avión dos horas más tarde.

Después de 11 horas más de viaje llegué a Roma. A las 6 de la mañana pero con 8 horas menos, para mi era la noche.

Me tomé un bus del aeropuerto a la ciudad, no muy caro por suerte, hasta Termini, una onda de estación Retiro romano. No era una zona muy linda. Es gracioso como enseguida me volvieron los instintos de supervivencia que no había usado por bastante tiempo. Con todas mis cosas a cuestas, caminé rápido, desconfiando de todo. Incluso me fui un poco a la mierda y hasta desconfié del cajero electrónico y conté los billetes disimuladamente después de sacar plata. Como si los cajeros europeos fueran menos honestos que los asiáticos. Pero me tranquilizó un poco cruzarme turistas en serio, de esos que se paran en una esquina con un mapa abierto, o andan paseando con la cámara colgando. Si le tienen que afanar a alguien al menos no soy el target más fácil.

El hostel más barato que encontré era medio una cagada, no tenía ni el mismo nombre que en Booking.com, supongo que para cagarte la guita del impuesto que supuestamente suma la ciudad (que son como 4 eur). Pero incluía desayuno y cena (siempre pasta con vino tinto) así que estaba bien. Total era sólo para dormir un par de días.

Dejé las cosas a las 10 y me fui a recorrer enseguida, tenía que aprovechar el tiempo.

Siguiendo una guía de “que hacer tres días en Roma teniendo en cuenta que el primer día se llega a la mañana” (posta se llamaba así) primero hice el Coliseo, Palatino y el Foro Romano.

Muy lindo el Coliseo. Me hizo acordar a la cancha de Independiente, porque está medio roto y le falta una tribuna, pero nunca te muestran la foto del otro lado. A pesar de estar lleno pude entrar sin esperar mucho porque ya tenía la entrada comprada, y lo estuve recorriendo un rato. Al verlo desde adentro es imposible no acordarse de este sketch de Cha Cha Cha de cuando el gordo Casero era bueno (“¿Quién fue el piolae?”).

Es bastante impresionante ver todas las ruinas ahí en el medio de la ciudad, porque uno en general cuando habla de los gladiadores, el imperio romano y todo eso, tiene una mezcla de historias y mitología, que se vuelve real al ver los pedazos de templos.

Me resultaba difícil igual disfrutarlo estando todo tan lleno de turistas, pero hice mi mejor esfuerzo.

Después de las ruinas, fui a ver un par de iglesias, las famosas, las que tienen pinturas de Rafael, Caravaggio o Miguel Angel. Me daba un poco de envidia la gente que era católica, me imagino que lo disfrutan mucho más, para ellos debe ser como ir a Disney. Yo sólo iba por las pinturas y esculturas. Pero me encanta que cualquier iglesia puede tener un pedazo de historia increíble adentro.

Pero más allá de las ruinas y las iglesias, lo que me encantó de la ciudad en sí fue que la encontré muy parecida a Buenos Aires. Las calles empedradas, con barcitos por todos lados con sus mesas en la calle, con gente sentada discutiendo de política o boludeces a los gritos, con un menú “plato del día” de pastas y una botella de vino, es lo más parecido a San Telmo que vi en los últimos seis meses.

En uno de esos barcitos, me comí unos ñoquis el primer día.

Busqué en vano un lugar para comer fideos de arroz con salsa de soja, pero finalmente me dije “bueno, me la tengo que bancar y probar la comida del lugar aunque no quiera” y me fui a comer un regio plato de pastas.

Extrañaba la comida. Aunque le escapé a los lugares bien turísticos para morfar todo lo que probé me pareció exquisito.

Escuchar gente hablando en italiano me daba gracia, es increíble como a pesar de no poder hablar se entiende todo lo que dicen.

Mi problema con el idioma fue que yo venía acostumbrado a comunicarme en inglés, entonces siempre dudaba si arrancaba la conversación con hola, hello o bongiorno. Finalmente terminaba hablando en castellano, total me entendían, y lo único que decía en italiano era “gracias” (tante grazie) y “de nada” (vaffanculo).

El primer día me la pasé caminando y volví al hostel re cansado tipo 7 de la tarde, donde morfé un poco y me fui a dormir, después de no se cuantas horas de estar despierto.

Al día siguiente me levanté a las 6 de la mañana para ir al Vaticano a visitar al Papa, como hace cualquier argentino que va a Roma.

Pero el puto de Pancho no estaba (?), así que aproveché para entrar a la Basílica de San Pedro temprano, antes de que se llene demasiado de turistas.

La verdad que si quisieron hacer esa iglesia para impresionar gente, cumplieron su objetivo. Enorme, llena de pinturas, estatuas y cosas re grosas, da impresión al entrar. Aunque no pude evitar mirar cada pintura y pensar en diálogos graciosos en base a las caras y gestos de cada personaje. Además, siempre hay que tener presente la frase del diego sobre el Vaticano y los techos de oro.

Después de ver la iglesia subí a la cúpula, donde te cobran 6 euros si subís a pata y 8 si usas el ascensor. Adivinen que opción elegí yo. No eran tantas escaleras igual. Y la cúpula, diseñada por Miguel Angel, es realmente increíble y tiene una vista hermosa de Roma.

Después me fui a hacer la cola para entrar al museo del vaticano. Tenía como una hora de cola, bancandome a los pesados que te quieren vender al triple de precio una entrada para saltearse la cola. Mientras tanto aproveché para seguir leyendo “Yo, Claudio” en el kindle (porque nada de leer la guia Lonely Planet, mi investigación previa a Roma fue ese libro de Graves y ver películas de Fellini). Finalmente después de cuarenta minutos entré y me puse a recorrer todo.

Mucha gente entra y va directo a la capilla Sixtina, pero en el medio hay un montón de cosas interesantes. Por ejemplo, todos saben que en el museo están la Capilla Sixtina de Miguel Angel, la Transfiguración de Cristo de Rafael, un montón de esculturas antiguas de dioses Romanos y emperadores, incluida la Artemisa de Éfeso con sus múltiples tetas, pero mucha gente se va del museo sin ver cosas importantes como los guantes de Torrico (!) o la copa libertadores que ganó San Lorenzo. Que les juro, están en una vitrina del museo del Vaticano.

Presten atención a las firmas de la camiseta argentina y a la dedicatoria del Diego.

Por cierto, la capilla sixtina es absolutamente increible. Y por suerte se puede ver bien, porque a pesar de que esta lleno de gente al estar en el techo no jode. Me quedé un rato largo mirándola. No se puede sacar fotos pero la gente saca igual, y hay un tano enojado cuyo laburo es gritar “no fotos” cada vez que se escucha el ruidito de una cámara.

Después seguí el día recorriendo más cosas, como el Panteón, más iglesias y todo lo que Google Maps me marcaba como interesante. En ese día hice todo lo que la guía me recomendaba para el tercer día también, evitando entrar a muchos lugares para no pagar entrada.

El plan era volver temprano al hostel para descansar y salir (viernes) a la noche a recorrer la ciudad. Pero super cansado, después de morfar, me fui a dormir temprano.

Mi último día era más o menos libre, ya había hecho lo más importante y estuve todo el día recorriendo y boludeando pero más tranqui. Me la pase paseando con un tucumano buena onda que conocí en el hostel (ahora que volví al lado occidental se cumple la máxima esa que dice que en cualquier parte del mundo siempre hay un tucumano)

Ese día aproveché para ir a dos lugares no tan turísticos que me encantaron.

1) La puerta secreta.

Hay una puerta en Roma, en un jardín medio alejado del centro, donde si mirás por el agujero de la cerradura se puede ver perfectamente encuadrada la cúpula de la catedral de San Pedro.

Es una puerta verde al costado de la embajada de la Orden de Malta, que no parece nada especial hasta que no la usas para espiar.

Es una sensación muy linda hacerlo, porque tiene algo de poesía, algo de infancia, y algo que me hace acordar a las aventuras gráficas para PC onda el Broken Sword. Son cinco minutos nada más, pero es más memorable que mirar una pintura en una iglesia.

Se puede leer un poco más sobre eso acá.

2) La capilla de la Papisa Juana.

Uno de los últimos lugares que visité fue una esquina perdida a un par de cuadras de una iglesia, que tiene una capillita que no parece nada fuera de lo común.

Está en el medio de la ruta que recorrían los Papas antiguamente en procesión, pero me parece raro que en una ciudad tan tomada por el cristianismo, haya una pintura antigua en un cuadradito de dos por dos, tan descuidada en una esquina a la intemperie.

Es misterioso. Como la Papisa Juana, que no se sabe si existió o no. Cuenta la leyenda, que en el siglo IX, hubo una mina que disfrazada de hombre llegó a ser la cabeza de la iglesia. La descubrieron en una procesión, cuando se cayó del caballo y se dieron cuenta que estaba embarazada, porque empezó a dar a luz. Ahí nomás la lapidaron, y después borraron su historia de todos los registros de la iglesia. Dicen que es sólo una leyenda porque no dan los tiempos, entre Papa y Papa. Pero por algo a partir de esa época empezaron a asegurarse de que el Papa sea hombre tocándole las bolas antes de elegirlo (y lo siguen haciendo). Y por algo, a pesar de que no está prohibido en La Biblia ni nada, no hubo nunca una cardenal mujer. (Francisco ponete las pilas y hace algo). Pero bueno, en esta esquina hay una capillita con una pintura medio despintada y una placa que dice:

Il sorriso di Maria
A questi luoghi allieterà
Se chi passa per la via
«Ave o Madre» a lei dirà.

Esta calle era parte de la ruta de la procesión Papal en esa época, y después de este “accidente” en esta esquina los Papas decidieron ir por otro lado y cambiar la ruta.

Ahora por ahí solo queda esa capilla olvidada, sin ningún tipo de cuidado y un par de flores que deja la gente de vez en cuando.

No será tan grande como la Basílica de San Pedro, no estará pintada por Miguel Angel, pero es una esquina con historia perdida en el medio de Roma.

más info acá.

Ese último día, finalmente tuve tiempo y fuerzas para salir a la noche, a pasear y tomar una birra por ahí. Ademas de mirar esculturas, fuentes y monumentos, que de noche se ven más lindo iluminados, pude disfrutar de la ciudad como a mi me gusta.

Hace mucho que no estaba en una ciudad que invite tanto a sentarse en la calle y mirarla pasar. Roma tiene miles de lugarcitos donde sentarse tranquilo, escaleritas, fuentes, parquecitos… Y siempre mirando algo que tiene un montón de historia, antigua o reciente, y siempre con música lejana de fondo de algún artista callejero.

Porque otra cosa que descubrí ahora es que no se dan una idea la diferencia que le hace a una ciudad la música y los artistas callejeros. Lo extrañaba horrores, en Asia no se consigue. Pero en Roma suena mucho Libertango, en muchas versiones distintas. Solo guitarra, guitarra y violin, o bandoneón, contrabajo y orquesta completa. No sé que tienen con el tango pero le queda perfecto a la ciudad y sus callecitas.

Al día siguiente, domingo en que todos los museos eran gratis, yo me levanté a las siete de la mañana para tomarme un avión a Niza y arrancar para otro lado.

Esa última noche en Roma también pasé por la Fontana di Trevi y tiré la moneda como todos los boludos. Dicen que se tiran aproximadamente 3000 euros por día en esa fuente.

Y es super cliche, pero no importa. Lo hice para asegurarme que algún día Vamos a Volver.

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